jueves, marzo 16, 2017

¿Pasamos página?


En la telenovela El cartel de los sapos se repetía una situación en que un bandido le proponía a otro "hacerle la vuelta" a un tercero. Era un intercambio de miradas y gestos que siempre conducía a la misma solución, con la correspondiente expresión de resignación del que tiene que fingir que le duele tener que mandar matar a un amigo, sobre todo porque cada interlocutor sabe que en cualquier momento será a él a quien el otro mande matar. Esa misma persuasión y esa misma resignación las viven los ciudadanos colombianos descontentos con la componenda de Santos y los terroristas: lo que les propone tácitamente el uribismo, con trampas retóricas, lloriqueo y hasta gritos, es "pasar página" al capítulo de la paz, darlo por cerrado y seguir adelante en la nueva realidad.

No es algo nuevo. Por ejemplo (y el lector de este blog perdonará la insistencia en algo descrito muchas veces), la expresión "paz sin impunidad" parece una exigencia dura frente al terrorismo, pero es en realidad reconocimiento a la negociación. SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE los líderes uribistas, empezando por el propio Uribe, han aplaudido la negociación con los terroristas, y ni siquiera porque crean en ella sino porque cuentan con que la mayoría de la gente va a aceptar el atajo y resistirse es exponerse a que se los acuse de causar la violencia. Esa disposición a secundar la mentira por cálculos de corto plazo describe a la perfección a los colombianos: la verdad es complicada y acarrea problemas, mientras que compartiendo la mentira se encuentra acomodo en una realidad más o menos conocida.

Lo de "Paz sin impunidad" es sólo un ejemplo. Hay muchísimos otros, como "Paz sí pero no así" en los que se secunda la mentira atroz de la propaganda del régimen (que convierte "negociación de paz" en una acepción de "paz"). Desde el comienzo la actitud del uribismo ha sido ese equilibrio gracias al cual por una parte exhiben descontento con Santos y las FARC (para "dar contentillo" a los que quisieran que hubiera oposición) y por la otra aplauden la negociación y se plantean mejorarla, incluso corregirla desde la presidencia de la república, que es desde donde se hacen los nombramientos, que es lo que importa.

Por eso las discusiones sobre los precandidatos uribistas son vacías y tediosas: puras rivalidades de camarillas que buscan algún disfraz ideológico pero que en ningún caso llegan a plantearse cuestionar la negociación de paz ni el poder multiplicado que tendrán los terroristas, que ya antes de "la paz" dominaban todo el poder judicial, la educación, la función pública, los medios de comunicación y hasta las redes sociales.

Realidades:

- La disposición a negociar con los terroristas, característica de todos los gobiernos colombianos, al menos desde Turbay (que también lo intentó), constituye una garantía de impunidad que alienta a los criminales, que saben que siempre podrán obtener algo, por mal que les vaya. No es sólo un vicio de los gobiernos, sino algo que tradicionalmente se acepta, por eso Pastrana se aseguró la elección en 1998 reuniéndose con Tirofijo (la habría arriesgado si se hubiera mostrado contrario a negociar), y las proclamas de Santos en su discurso de posesión no generaron una rebelión. Es decir, la disposición de los colombianos a sacrificar la ley en aras del posible alivio que obtendrían desistiendo de aplicarla es lo que alienta a los criminales. Hay que hacerle frente a esa disposición, no compartirla para no resultar incomprendido y en minoría.

- Los crímenes de que son reos los guerrilleros comunistas no se pueden pasar por alto y perdonar por la simple cobardía de unos ciudadanos. Ésa es una realidad universal, como una ley física, por mucho que en Colombia parezca que prescindir de la ley es una solución tolerable. El castigo del crimen es la base de la sociedad y nadie tiene derecho a suprimirlo. Si los colombianos actuales, acompañados por toda clase de canallas de otros países, desisten de aplicar la ley, ésta no deja de existir, menos desde que hay una jurisprudencia internacional que impide la prescripción de los crímenes de lesa humanidad. Los grupos políticos que renuncian a esa aspiración están por fuerza en el mismo bando de los terroristas, no importa que sean todos y que obtengan todos los votos. Las leyes que prohíben el asesinato o la esclavitud no son cuestionables. Los nazis impusieron "leyes" parecidas a las que emanan de la negociación de paz y a nadie se le ocurriría que su aprobación mayoritaria las hiciera legítimas. La exigencia de castigo por todos los crímenes terroristas es irrenunciable y todos los que buscan acomodarse a la paz firmada por Santos son simplemente cómplices de los criminales que esperan prosperar favoreciéndolos (como los policías que cobran una parte del botín a los ladrones).

- La negociación de Santos con los terroristas es ilegítima, parte de un fraude, dado que no fue elegido para eso ni prometió hacerlo. Es un crimen, porque al renunciar el Estado a la ley pierde su función y se convierte en una banda de forajidos, como ya señaló san Agustín hace unos cuantos siglos. Al prescindir primero del programa de gobierno, después de las leyes y finalmente hasta de la votación popular en el plebiscito que convocó, Santos se convierte en un delincuente y toda su negociación carece de legalidad y constituye claramente la abolición de la democracia. De lo cual se infiere que sin anular toda la negociación ni denunciarla ni procesar a quienes la han llevado a cabo tampoco se puede hablar de democracia más que como una farsa. Es una tarea compleja la que tiene por delante quien quiera hacerle frente a esa situación, pero la alternativa es simplemente reconocer el triunfo del crimen organizado, cuyas pretensiones son claramente las de implantar una tiranía sangrienta de la que sólo se saldría con mucho más sufrimiento. En todo caso, el Centro Democrático no se plantea nada de eso, sólo ganar las elecciones para ocupar los puestos de poder y nombrar a los amigos.

- Sin aspirar a cambiar profundamente el orden político existente, no sólo el surgido de la negociación de La Habana sino también el de 1991, cualquier gobierno será sólo un títere del verdadero poder, conformado por las instancias que controlan los clanes oligárquicos y sus socios terroristas: las altas cortes, la Fiscalía, aun el legislativo (dado el peso del clientelismo en la elección de los representantes), los medios de comunicación y ahora también el Ejército y la Policía, dada la apasionada determinación de los actuales mandos (y es de temer que de la mayor parte de la oficialidad) a prosperar aliándose con los grandes empresarios de la cocaína (FARC-ELN y sus jefes políticos oligarcas y comunistas). ¿Habrá una mayoría de ciudadanos dispuestos a acompañar una transformación semejante? Primero tiene que haber ALGUIEN que quiera hacerlo. De momento no lo hay, como explicaba en mi post anterior, el uribismo pudo cambiar el engendro de 1991 y no quiso hacerlo porque sus aspiraciones siempre han sido otras. Lo único que se puede decir es que si no se aspira a hacer eso tampoco se ofrece ninguna resistencia a la implantación de la tiranía que buscan los terroristas.

- El entorno internacional no es el mismo que encontraron Pastrana, Uribe o Santos. En Europa la socialdemocracia va en claro retroceso y el antiamericanismo podría llevar a situaciones comprometidas, dada la debilidad evidente de las potencias de la región y la agresividad de las tiranías islámicas y de Rusia. Puede que los amigos de las FARC fueran muchos menos que los que han tenido hasta ahora. También el régimen iraní hace frente a un presidente estadounidense cuya disposición es muy distinta a la de Obama. Y los demás narcorregímenes de la región tienden a caer a medida que baja el precio de las materias primas y se acrecienta el sufrimiento de sus víctimas y su consecuente impopularidad. Si no se emprende ahora la tarea de derribar el narcoimperio cubano, incluida la casa matriz, puede que en mucho tiempo no vaya a haber una oportunidad semejante.

- La economía colombiana afronta una situación desesperada como resultado del despilfarro de Santos y de la caída de los precios de las materias primas. Puede que las presiones sobre la exportación de cocaína la hagan caer aún más. La perspectiva en el año largo que queda hasta las elecciones es de empobrecimiento apresurado, con su consiguiente descontento popular. A lo cual hay que sumar la clara impopularidad de Santos y la agresividad de los terroristas triunfantes y sus hordas de asesinos universitarios. Pese a todas las maquinaciones y a toda la propaganda, es posible que un candidato dispuesto a extraditar a los terroristas y a llevarlos a la CPI por crímenes de lesa humanidad, así como a transformar el Estado en el sentido de la ley, pudiera convocar a una mayoría. El obstáculo es Uribe y su partido, que no se proponen nada parecido pero siguen siendo para millones de colombianos la encarnación de la única respuesta posible.

Fracasarán, pero además impedirán que Colombia se plantee acabar con la dominación terrorista. Es un hecho claro del que cada persona se hace responsable.

(Publicado en el blog País Bizarro el 4 de febrero de 2017.)

jueves, marzo 02, 2017

Los sentimentales y los ambiciosos


El liderazgo absoluto de Álvaro Uribe Vélez en la derecha colombiana se formó durante los duros años del Caguán, cuando la debilidad del ejército y la policía, creada deliberadamente por los gobiernos de Gaviria y Samper (ahora sabemos para qué) y reforzada por las campañas de las ONG financiadas por George Soros, permitió que los terroristas secuestraran a diez personas cada día y reclutaran a decenas de miles de niños, a veces quemando vivos a sus padres, como ocurrió en la zona de despeje.

Hacia 2001 y pese al esfuerzo de los medios de los López-Santos-Samper para calumniar al candidato y promover al ex miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista, Luis Eduardo Garzón (toda vez que Serpa tenía demasiado rechazo por su actuación con Samper), ya había una clara mayoría que votaría por Uribe en las elecciones de 2002. Y eso a pesar de que hasta entonces la idea de ganar las elecciones y movilizar a la ciudadanía era más bien minoritaria. Los terroristas y sus socios tenían poquísimos partidarios, pero los descontentos se repartían entre los que esperaban una intervención estadounidense, los que apostaban por un golpe de Estado militar y los que confiaban en la redención que provendría de Castaño y sus muchachos (no hay que olvidar al prócer de la Universidad de Los Andes que evaluaba sobre el terreno el futuro de las AUC y que después resultó periodista asociado a los consejeros de Uribe).

El primer gobierno de Uribe tuvo unos resultados de ensueño, en parte como resultado de la recuperación de la confianza que derivaba de la voluntad de aplicar la ley, en parte porque la situación económica heredada era mucho menos desesperada que la que recibió Pastrana, y en parte porque los precios de las exportaciones nacionales habían mejorado. Durante el segundo periodo de Uribe se recogieron los frutos de esos avances, tanto en mejora de la economía como en victoria sobre los terroristas. El punto máximo de esa victoria lo constituyeron las marchas de febrero de 2008, que preludiaron la Operación Jaque.

Pero por entonces ya se veía la estrechez de miras de Uribe y su séquito. A pesar de que las Cortes mostraban en todo momento su determinación de impedir la labor de gobierno, en ningún momento se pensó en cambiar la Constitución impuesta en 1991 por los Castro a través de sus socios Escobar, el M-19 y el narcogobierno de Gaviria. Parece que cambiarla hubiera comportado reconocer que en esa época el Gran Líder estaba equivocado, pues entonces no fue en absoluto crítico de la nueva norma. Del mismo modo, cuando se pensó en una organización política distinta a los corruptos partidos tradicionales, ésta consistió en una componenda de la que se encargó nada menos que a Juan Manuel Santos y con la que se buscó reclutar a los gamonales que en las regiones controlaban las "maquinarias" de compra de votos, renunciando así a todo esfuerzo cívico de superación.

Es importante que se entienda que todo lo que sería el uribismo después se definió en esos años. Y no sólo el uribismo sino el rumbo del país, que dependía tanto de esa mayoría que se había formado resistiendo a la intimidación terrorista. La actitud de Uribe y su camarilla consistió en disfrutar de su integración en la casta dominante, a la que en absoluto se quiso combatir. Ya casi nadie recuerda que Enrique Santos Calderón se declaraba uribista, y que las figuras más conocidas del uribismo tenían columnas en El Tiempo. No importaba que la página de opinión consistiera en cinco artículos de propaganda terrorista y uno de un partidario del gobierno, pues a nadie se le habría ocurrido crear medios alternativos que reflejaran la opinión de la mayoría.

Cuando se planteó la cuestión de la sucesión, los cubanos y sus socios oligarcas tenían muy claro cuál era su ficha. Por eso usaron a los jueces parar perseguir a todo el que pudiera asomar como posible líder de la mayoría: de ahí la persecución a Plazas Vega en 2007, emprendida nada menos que por Humberto de la Calle y la revista Semana. También la persecución a Fernando Londoño por el asunto de Invercolsa formaba parte de la misma jugada, así como la campaña contra Andrés Felipe Arias por el AIS. Lo interesante es la falta de respuesta del uribismo, sin duda porque a ciertos personajes ligados al ex presidente les convenía hacer desaparecer esos estorbos, pero sobre todo por la extrema limitación del Gran Colombiano.

Digo "extrema limitación" porque recuerdo una frase que alguna vez usó Borges para describir a sus antagonistas: hay que dudar de su inteligencia para poder creer en su honestidad. Como sería delirante suponer que Uribe colaboraba adrede con los planes de los Santos, habrá que pensar que habrá hecho caso a los consejos de aduladores que sí compartían esos planes, y que lo llevaron a proclamar las bellezas del "Estado de opinión" y a cambiar de nuevo el "articulito" de la Constitución que prohibía la reelección continua. No se debe olvidar que entre los entusiastas del tercer periodo de Uribe figuraban tanto Santos como Roy Barreras y muchos otros próceres comparables. La persecución contra Arias no tuvo respuesta porque lo urgente era salvar la continuidad de Uribe.

De aquellos polvos estos lodos. En cualquier sociedad civilizada esos "errores" habrían dado al traste con la carrera de cualquier político, pero en Colombia predomina el servilismo y la tentación del caudillismo no le parecía demasiado escandalosa a nadie. Todavía hay quien no se ha dado cuenta de que el hombre imprescindible es el que impide una movilización masiva contra el régimen.

Pero los errores adquirieron un nivel espantoso cuando subió Santos y empezó a promover la negociación con las FARC y a perseguir al uribismo. Parecía mejor mirar para otro lado que denunciar la persecución o los fines de Santos y arriesgarse a perder a las clientelas que se pondrían de parte del gobierno por la asignación presupuestal y los puestos. De modo que no importaba que todos los congresistas del PSUN acosaran a Uribe, se seguía considerando que era su partido y en las elecciones de 2011 se votó por los mismos candidatos de Santos. Incluso estuvo Uribe haciendo campaña por el hijo de su compadre Roy Barreras. La presencia de Uribe no tenía por objeto oponerse a lo que hacía Santos sino demostrarle que era él quien tenía los votos. Y el resultado fue que el alcalde de Bogotá resultó ser Petro y un montón de personajes similares ganaron las principales gobernaciones y alcaldías.

La tiranía triunfó y avanza sin parar. El papel de Uribe y sus seguidores es hacerse intérpretes de la angustia popular con un lloriqueo incesante que nunca lleva a una política alternativa. Como liderazgo político fracasaron al permitir el ascenso de Santos, en 2011 reforzaron ese hecho y fracasaron en las elecciones, pero en 2014 fue peor, porque el tema de las elecciones no fue la abolición de la democracia, que se aceptaba para que no les atribuyeran los medios la condición de enemigos de la paz, y en cambio las propuestas de gobierno consistían en proveer universidad para todos. No se puede negar que hubo maquinaciones perversas y corruptelas en torno a la elección de Santos, pero si se hubiera planteado la elección entre las FARC y el país el resultado habría sido abrumador. Y si de todos modos hubiera ganado Zuluaga, lo más probable es que la firma de los acuerdos de paz habría dado el mismo resultado, según anunciaba el uribista Sergio Araújo (ver sobre todo párrafo final).

Todavía quedaba otra traición: la búsqueda de un acuerdo con las FARC para llegar a una Constituyente en la que salvaran alguna cuota de poder, y el consecuente rechazo al plebiscito, en el que se podría hacer frente a Santos. El plebiscito se ganó porque la tal paz es una monstruosidad que ultraja el honor de cualquier persona, no porque Uribe finalmente tuviera que apoyar el NO (aunque sus activistas preferían mayoritariamente la abstención). Y cuando resultaron valedores del NO, corrieron a ver qué tajada podían sacar, y al verlos tan mansos y amistosos, Santos sencillamente los despreció, y de paso a los votantes, e hizo lo que le dio la gana.

Para 2018 esperan recuperar algún poder con la candidatura de Iván Duque, un personaje que no representa ningún activismo ni es líder de nada, que fue incluido en la lista al Senado por voluntad soberana de Uribe y al que promueven todos los medios del narcorrégimen. De ser un candidato problemático para ellos ya lo habrían intentado matar o le habrían montado quién sabe qué escándalos. Es al contrario, y (perdón por la teoría de conspiración) parece alguien a quien acordaron promover para salvar la paz y evitar una confrontación que podría perjudicar tanto a los cubanos como a Uribe y su séquito.

El nivel del personaje es por lo demás penoso: su presentación de la "economía naranja" parece de un estudiante de secundaria, con errores gramaticales y ortográficos incluidos. La genial propuesta es bien una obviedad, el descubrimiento del agua tibia, pues nadie va a dudar que la autoría de los libros y las patentes va a ser más rentable, o bien una ocurrencia indecente, típica de los cientos de miles de inútiles que salen de las universidades colombianas, para gastarse el dinero público en complacer clientelas que de tener ideas eficientes las explotarían en el sector privado, y más probablemente en otros países.

Al primer cuestionamiento de Puentes Melo, el flamante candidato respondió con insultos impropios de un parlamentario ("a un bagazo poco caso" y otras lindezas). Para responder a las preguntas de Mackenzie salió proponiendo desterrar el fanatismo sin saberse a qué se refería, con el aplauso inmediato de demócratas como Uprimny y León Valencia, y ante la mención de su trayectoria de izquierdista becado por Soros (financiador casualmente de Uprimny y León Valencia) y asociado a sus redes, respondió con un cuestionario que le envían sus leales como senador (y no como posible aspirante a la presidencia), proclamando lo obvio, como si bastara su palabra ("no conozco personalmente a Soros", "no soy el candidato de Soros"). Sólo hay que figurarse la firmeza que tendrá un personaje así con personajes como los terroristas y sus valedores, con los que tendría que lidiar. Sería, no lo duden, peor que Santos.

Casi duele la cabeza pensar en la lista de patochadas que se deben al uribismo y que al parecer no cesarán. ¿Qué tal la hija de Angelino Garzón dirigiendo al CD en el Concejo de Bogotá? ¿Y el moirista Carlos Valverde, que asociaba a Uribe con el "paramilitarismo" en plena presidencia de Santos? No se observa en torno al CD ningún valor ni ningún proyecto, sólo la adhesión sentimental de gente que no se esfuerza en entender mucho, y la adulación eficaz de gente que sueña con curules, ministerios, direcciones, embajadas, consulados y demás sinecuras, y que esperan obtenerlas como recompensa del Gran Colombiano a su aprecio y lealtad.

En alguna ocasión decía Vargas Llosa que en nuestros países cada elección parece de vida o muerte, absolutamente agónica. La de 2018 podría serlo de verdad, siempre y cuando surgiera un candidato que se propusiera deshacer la obra de Santos, extraditar a los jefes terroristas, llevar a las FARC y el ELN (y aun al M-19) a la CPI por crímenes de lesa humanidad, procesar a los funcionarios que más abiertamente han obrado como agentes del terrorismo (sobre todo a Eduardo Montealegre y a la señora de Lucio) y convocar una Constituyente totalmente elegida que AL MENOS permitiera destituir a todos esos malhechores que han estado delinquiendo desde puestos de jueces y fiscales. Nada de eso hará el CD, la promoción de un candidato equívoco y claramente ligado al narcorrégimen (que hasta tiene a su hermano en un cargo diplomático) lo demuestra.

Ya son 17 años de unidad y de inexplicable derrota de la mayoría (y de la ley, la justicia, la democracia y los derechos humanos). A estas alturas nadie tiene excusa. Los que creen que apartándose del Gran Timonel se exponen al ridículo y a la insignificancia deberían darse cuenta de que sin apartarse sólo contribuyen a legitimar el narcorrégimen, cuya "paz" no se contesta como el crimen que es, sino que se intenta mejorar con la participación de los amigos de Uribe.

(Publicado en el blog País Bizarro, el 31 de enero de 2017.

viernes, febrero 17, 2017

Así nos miente Uribe

Por @ruiz_senior

A pesar de las desavenencias que hay entre los que no apoyan a Santos y su componenda con las FARC, casi nadie en ese bando cuestiona lo que hace y dice Uribe. En cuanto alguien desaprueba levemente sus actuaciones saltan las voces que advierten sobre el peligro de división. Y esas advertencias tienen un éxito tremendo, no por las pías intenciones de los que las reciben sino porque el "calor de establo" ejerce una atracción irresistible. Nadie quiere estar solo, todos prefieren renunciar a sus valores antes que verse aislados e irrelevantes.

Pero los 16 años que lleva Uribe como líder indiscutido de la derecha en Colombia sólo han servido para que la minoría comunista y sus aliados oligarcas triunfen de forma absoluta. A estas alturas no hay nadie serio que crea que el próximo presidente será uribista ni que el éxito rotundo de las FARC se podrá echar atrás.

Y el principal motivo por el que se mantiene esa unidad es el sentimentalismo de los seguidores, que hacen pensar en quien no rompe un compromiso matrimonial después de ver a su novia intentando robarle, o insinuándose a otros hombres, o bien en aficionados de fútbol que defienden a un director técnico a pesar de que con él el equipo siempre pierde. Por ese mismo sentimentalismo, complementado con el pragmatismo de los que sólo piensan en prosperar desde cargos públicos, es por lo que la representación del Centro Democrático en el Concejo de Bogotá la dirige nada menos que la hija del genocida Angelino Garzón, siendo ese parentesco el único mérito de la pensadora, o que, gracias a los votos del mismo partido, el nuevo procurador general de la nación es un mafioso muy ligado a Santos. Todo se le perdona al amado líder, como esas madres de delincuentes que se hacen cómplices de sus desmanes.

Para evaluar lo que dice con un poco de objetividad voy a comentar sus respuestas a la entrevista que le hizo la ex diputada del PP español Cayetana Álvarez de Toledo, publicada en El Mundo el pasado 6 de noviembre.
El pasado 2 de octubre, Álvaro Uribe sorprendió al mundo y probablemente también a sí mismo. Contra todo el poder y todos los pronósticos, cuando hasta sus amigos lo tenían por un loco o por un muerto político, logró que los colombianos rechazaran el acuerdo de paz patrocinado por el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. El 'No' obtuvo el 50,2% de los votos en un plebiscito que se diseñó para ser ganado. Y Colombia se paralizó. 
La señora Álvarez de Toledo al parecer no sabe que durante años el uribismo se ha opuesto a la celebración de ese plebiscito porque temía perderlo y porque prefería ostentar una representación indefinida que permitiera llegar a una Asamblea Constituyente acordada con las FARC (de ahí las reuniones con Enrique Santiago y Álvaro Leyva). ¿Cómo que Uribe resulta el autor del triunfo del NO? Muchos líderes de su partido propusieron abstenerse para no tener que tomar partido en contra de la "paz". Y cuando finalmente dijeron que votarían NO lo hicieron lamentándolo, declarando que se veían obligados a hacerlo contra su voluntad. Realmente se podría decir que sin Uribe y su partido, al que la propaganda calumniosa asocia con los "paramilitares", la votación por el NO habría sido mucho mayor, dado que al narcorrégimen le haría falta un Goldstein contra el cual dirigir el odio. La inmensa mayoría de los colombianos rechazan a los terroristas, el plebiscito era claramente una propuesta de premiarlos y reconocerlos, atribuir ese éxito a Uribe, cuyo partido casi no hizo campaña por el NO porque se veía ante una nueva derrota, es una grave ligereza.
[...]
¿Qué es la paz?
...Santa Teresa decía que la paz es la tranquilidad del orden.
 
Cierto. Puede haber paz sin democracia. Por eso es un error contraponer la paz al terrorismo. ¿No cree?
En mi etapa como presidente, yo hablé siempre de una política de seguridad con valores democráticos. Me preguntaban: ¿Y la paz? Y yo decía: la seguridad es el camino a la paz.

Si usted acepta la necesidad de la paz, acepta la existencia de una guerra. Es decir, de un conflicto entre dos fuerzas igualmente legítimas. Como en España contra ETA, ¿no es mejor reivindicar la democracia o directamente exigir libertad?
Yo nunca he aceptado para Colombia los conceptos "conflicto" o "guerra". Esas palabras ganaron fuerza en América Latina para referirse a la lucha de insurgencias civiles armadas, sin narcotráfico, contra dictaduras militares. Colombia es una democracia, en permanente perfeccionamiento. Las FARC empezaron como una guerrilla marxista-leninista y han acabado en el narcotráfico. Hoy son el mayor cártel de cocaína del mundo. Fueron protegidas por Chávez en Venezuela. Y ahora, con el acuerdo firmado con el señor Santos, pretenden imponer ese mismo modelo marxista-leninista en Colombia. Es decir, convertir Colombia en una segunda Venezuela.
Luego, hablar de "guerra" o "conflicto" es lícito para Centroamérica pero no para Colombia debido a la participación de las FARC en el negocio de la cocaína. ¿Qué se diría de ETA? Ahí sí había un "conflicto" porque la relación de ETA con la "delincuencia común" no era tan evidente. La "salida por la tangente" (Uribe no contesta a la pregunta) corresponde a la necesidad de ocultar el apoyo de Uribe y su partido a "la paz", que no sólo presenta el problema de dar por sobreentendida la igual legitimidad de ambos bandos, sino que en Colombia simplemente significa "negociación de paz". Uribe apoya la negociación de paz y sólo pretende mejorarla con su participación, por eso evita contestar acerca de si no es mejor negar legitimidad a la negociación. La mención a las dictaduras militares es también falaz: los sandinistas, la guerrilla guatemalteca y el FMLN eran organizaciones castristas, no demócratas que se opusieran a dictaduras.
Si esos acuerdos son tan dañinos, ¿por qué los ha firmado el presidente Santos? No parece un revolucionario. Fue su amigo, su ministro, su sucesor.
No lo sé. A mí me dicen: Santos no es Castro ni Chávez. Y yo lo acepto. Pero a mí no me interesan las motivaciones personales, sino los hechos. Yo no puedo leer la mente de Santos, pero sí puedo leer los textos que firmó en La Habana. Y esos textos son una grave amenaza para la democracia y la economía colombianas.
De nuevo miente Uribe para no dar cuenta del hecho de que en aras de llegar al poder y aun de mantenerse en la presidencia se alió con la familia Santos, dueña del principal periódico e influyente en todo el Estado. ¿No conocerá la entrevistadora la historia del hermano mayor del presidente, que es el virrey de los Castro y en realidad el principal jefe del terrorismo en Colombia? Santos no es Castro ni Chávez del modo en que tampoco Castro es Chávez. Respecto de la implantación de la tiranía en Colombia Santos es lo mismo que Castro o Chávez, y Uribe tenía que saberlo pero nada de eso le importaba cuando se trataba de permanecer como presidente un tercer periodo. Todos los que podrían estorbar a Santos empezaron a sufrir persecución judicial durante el gobierno de Uribe, el coronel Plazas Vega fue encarcelado en 2007 y la campaña de difamación contra Andrés Felipe Arias empezó en 2009 sin que el gobierno hiciera nada por impedirlo. Pesaba más la alianza con los poderosos clanes oligárquicos.
[...]

Un Estado democrático ¿puede negociar con una organización terrorista?

Yo nunca he negado la posibilidad de negociar. En su día me reprochaban: usted los llama terroristas pero luego negocia con ellos. Yo respondía: es un proceso de desarticulación del terrorismo; se negocia con unas condiciones inamovibles, que no generan daño a la democracia. En mi gobierno se logró un sometimiento atípico del terrorismo a la justicia. 
¿Atípico?

Se desmovilizaron 35.000 paramilitares y 18.000 guerrilleros. Los rasos no fueron a la cárcel. Los cabecillas sí, en períodos de cinco a ocho años. No se les concedió elegibilidad política y no se negoció con ellos la agenda nacional. Fue una desmovilización con beneficios judiciales de acuerdo con la ley colombiana. 
¿El Estado de Derecho no cedió?

Se hizo una ley para regular el proceso. Pero todo de acuerdo con la Constitución y la legislación ordinaria.
¿Los desmovilizados fueron juzgados por tribunales ordinarios?

Ahí siguen todavía. Por eso hablo de un sometimiento atípico a la justicia, con generosidad pero sin impunidad. Y sin riesgos para nuestra democracia. No como ahora.
A la pregunta de si un Estado democrático puede negociar con una organización terrorista, Uribe tampoco responde y en cambio habla de las desmovilizaciones de "paramilitares" y guerrilleros. ¿Qué tienen que ver los guerrilleros que desertaron con negociar con una organización terrorista? Simplemente la mención de éxitos que adornan la respuesta: SÍ. Uribe no sólo apoya la negociación del Estado con las FARC sino que la buscó por diversos medios, sin que los terroristas se avinieran porque les resultaba más cómodo guarecerse en Venezuela y Ecuador y esperar a que llegara un gobierno más conveniente.
[...]
Vamos al contenido de los textos. ¿Usted rechaza cualquier concesión a las FARC?
No. Nosotros aceptamos que hay que proteger a las FARC. 
¿Proteger?
Sí, proteger su vida. Lo que no aceptamos es que, para ello, se constituya una unidad al estilo de la policía política cubana. Con capacidad para controlar a funcionarios, empresas privadas de vigilancia... ¿Pero qué lógica tiene? El Estado y las FARC, como si fueran homologables, trabajando codo con codo contra los presuntos sucesores del paramilitarismo.
De nuevo, la cuestión de las concesiones a las FARC no se contesta. ¿Dónde estaba en la pregunta el asunto de si los terroristas quedaban desprotegidos? ¿Qué tiene eso que ver con negociar la política agraria y tantos otros temas de una negociación a la que Uribe no se opone? Tiene que parecer conciliador y a la vez firme, y la única forma en que puede hacerlo es eludiendo las preguntas.
¿La Justicia puede ser "transicional"? Es decir, ¿el Estado de Derecho puede ponerse en paréntesis para acabar con el terrorismo?
Nosotros hemos aceptado que haya una Justicia transicional sin impunidad total. Queremos que de esto se ocupe la justicia ordinaria o una justicia suficientemente articulada con ella. 
¿Qué significa "suficientemente articulada"? O hay un tribunal especial o no lo hay. O actúa la justicia ordinaria o la que actúa es especial.
Bueno, puede haber una sala de justicia transicional en la justicia ordinaria. O puede haber un tribunal especial orgánicamente integrado con la justicia ordinaria.
¿Compuesto por quiénes? ¿Escogidos por qué autoridad y cómo? ¿Sólo colombianos?
Se ha propuesto que sean magistrados colombianos y que tengan los mismos requisitos que los magistrados de nuestros tribunales ordinarios.
¿Y esto no es un cambio respecto a su postura en la campaña?
Nosotros aceptamos esto para corregir la impunidad total de las FARC que contemplan los textos de La Habana. 
Es decir, aceptan el principio de excepcionalidad.
Para eliminar el peligro de impunidad absoluta. 
¿Por qué absoluta?
Porque, según los acuerdos, una serie de delitos graves como el narcotráfico son conexos, están vinculados, con el delito político. Y los delitos políticos son amnistiables. 
Deme un ejemplo.
A un jefe de las FARC le bastaría con reconocer que estuvo implicado en el narcotráfico para financiar la revolución. Y ya. Delito político. No iría a la cárcel. Y tendría pleno derecho de elegibilidad política. 
¿Y qué ocurre con otros delitos como el asesinato o el secuestro?
Las FARC han secuestrado a más de 11.700 niños. Han violado a más de 6.800 mujeres. El acuerdo pactado por Santos dice que basta con reconocer el delito para no entrar en la cárcel. Libertad de movimiento, sí. Prisión, no. Esto es inaceptable desde el punto de vista de la legislación colombiana, de la internacional y del más elemental sentido de la proporcionalidad.
Todo este bloque de preguntas lleva a la cuestión central: todo lo que escandaliza a la entrevistadora es lo que Uribe tiene que eludir, no sólo porque nunca se ha opuesto a la negociación de La Habana sino porque ya ocurrió con el M-19 con el apoyo de Uribe. ¿Cómo es que no menciona la verdadera composición del poder judicial colombiano, una agencia castrista más siniestra que las FARC gracias a la Constituyente de 1991 que él apoyó? Cuando le preguntan (siendo que le parece intolerable que el narcotráfico sea delito conexo con el político) qué ocurre con el asesinato y el secuestro, no contesta porque tendría que reconocer que eso lo ha aceptado siempre, que está entre otras cosas en el texto de la Constitución que pudo cambiar siendo presidente pero no quiso (mientras que ahora sí quiere cambiarla consensuándola con las FARC). En la postura de Uribe ante la negociación de La Habana destaca el reconocimiento del "delito político", esa monstruosidad colombiana según la cual un crimen resta de la pena de otros y el que quiere abolir la democracia tiene menos castigo (más bien ninguno) por matar. Oponerse rotundamente a eso le cerraría a Uribe y a su partido las puertas de la negociación. No es lo que les interesa.
¿Qué alternativa propone?
Proponemos que el narcotráfico no sea un delito político. Entre otras cosas, porque es la causa de todas las tragedias colombianas. Y proponemos que para el resto de delitos graves las penas sean adecuadas y proporcionales.
 
¿Distintas a las que figuran en el ordenamiento actual?
Las del ordenamiento normal reducidas.
 
¿Reducidas?
Siempre y cuando haya verdad y reparación.
 
O sea que usted aceptaría para los miembros de las FARC penas reducidas y menores que las impuestas a los presos comunes.
Por supuesto.
Me sorprende.
El Gobierno y las FARC quieren evitar a toda costa que los miembros de las FARC pisen la cárcel. En estos instantes se está examinando el tema. Yo he interrumpido la reunión con los representantes del Gobierno para venir a contestarle a usted... Tiene que entender que es un momento difícil. Delicado. Lo único que tengo claro es por qué nos opusimos, por qué dijimos No. Ahora estamos en la mesa de negociaciones decidiendo hasta dónde llegamos. 
¿No sabe aún cuáles son sus límites?
No sabemos cómo acabarán las negociaciones.
El lector debe saber qué se está diciendo: el tráfico de cocaína no puede quedar impune, el asesinato y el secuestro sí, y el motivo es que al menos se les arranca eso al gobierno y a las FARC, esa leve concesión, que los castiguen por algo. En Colombia eso se acepta, insisto, está en la Constitución que Uribe promovió y defendió. Y lo trágico en medio de todo es que la gente votó contra los terroristas para que Uribe y sus amigos cobren ese triunfo en cuotas de poder para ellos. ¿Quién podría interpretar cuánta impunidad puede darse a los terroristas si dejan de matar? Uribe sólo piensa en conseguir un cambio constitucional que le permita volver a la presidencia, no importa si eso significa cogobernar con las FARC, pues ¿no es promotor del antiguo miembro del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista de Colombia y vicepresidente de la Unión Patriótica Angelino Garzón? ¿Acaso este jefe terrorista se ha opuesto alguna vez a su antiguo partido? ¿No llevó Uribe en su lista al Senado al jefe terrorista Everth Bustamante, que obviamente tampoco se ha apartado de su ideología ni menos colabora en el esclarecimiento de los crímenes de su banda? El rechazo de los colombianos a los terroristas sirve sólo para que este socio de ellos obtenga poder.
Ciertamente, es más fácil saber por qué uno no quiere una cosa que precisar lo que uno sí quiere o estaría dispuesto a aceptar.
La impunidad genera una gran vulnerabilidad jurídica. Mire la ley de amnistía de El Salvador de 1993. Todo el mundo la aplaudió. Y ahora la Corte Suprema la ha declarado inconstitucional. La historia de Colombia ha demostrado que de amnistía total en amnistía total no se va a ninguna parte. La amnistía alimenta el terrorismo. La impunidad es la partera de nuevas violencias.
Pero ¿qué pasa con la impunidad del M-19? No es que Uribe la haya apoyado, también fue el ponente de una ley que la reforzaba, pero más allá aún, hace elegir a uno de los que la disfruta. No sólo es un promotor de la impunidad sino un socio de hecho de los criminales. El que lo dude puede explicarme cuándo han colaborado Angelino Garzón o Everth Bustamante con el esclarecimiento de los crímenes en que tomaron parte, o cuándo han renunciado a su pasado terrorista. Sencillamente Uribe explota el descontento con las FARC para sus propios intereses espurios.
Sí, lo entiendo y lo comparto. Pero insisto. Ha ganado el 'No'. Y usted tiene ahora la posibilidad y la responsabilidad de negociar. ¿Hasta dónde va a llegar? No pretendo que me dé los detalles. Me refiero casi en términos morales.
Es un momento tan difícil... Tenemos buena voluntad... Hasta dónde estamos dispuestos a llegar... Por favor, que los acuerdos no pongan en riesgo la democracia. Por favor, que tengan un grado de justicia. Por favor, que se limite la elegibilidad política. 
Eso es el 'No'. ¿Cuál es su 'Sí'?

Usted me pide precisiones que no puedo darle. 
No le pido precisiones. Quiero entender su posición.

Yo he sido partidario de que los responsables de delitos atroces no puedan ser electos. Se está examinando la alternativa de que, una vez cumplidas sus condenas, sí puedan serlo. Ese tema está en discusión. 
¿Y usted eso lo apoya?

Yo creo que la democracia ya da oportunidades a las personas. Y por tanto que los responsables de delitos atroces no deben tener el derecho a ser electos. 
¿Nunca?

Nunca. Ni cumplida la condena. Es una norma sabia, introducida en muchas legislaciones. Por cierto, España es una de las excepciones. Y aquí... pues mis compañeros del 'No' están buscando alternativas... Porque el Gobierno está negociando con nosotros, pero no sabemos al final qué hará con las FARC. 
¿A qué se refiere?

Me refiero a si al final van a incorporar o no nuestras modificaciones. 
El señor Santos ha dicho en Londres que espera que usted se suba al carro de un nuevo acuerdo, pero que si no lo hace será usted el que se quede aislado porque él seguirá adelante en busca de la paz.

Él vive en eso. No acepta debates aquí. Y llega a Europa y lanza este tipo de amenazas. Yo prefiero no responderle porque lo importante es pactar reformas en defensa de la democracia colombiana. Pero sí percibo una diferencia notable entre el presidente amenazante, el soberbio a 8.000 kilómetros de distancia, y el equipo negociador del Gobierno, trabajando aquí con nosotros, con buena disposición.
Hay una cuestión que todo el mundo pasa por alto. ¿Quiénes son los responsables de crímenes atroces? Sin ir más lejos, no hay pruebas claras de que Hitler ordenara matar a los judíos en cámaras de gas. Puede que ni siquiera matar a los judíos. No digo que alguien pueda suponer que no lo ordenara, sino que ante un tribunal nadie podría llevar las pruebas. ¿No son responsables los Castro de TODOS los crímenes cometidos por sus tropas en Colombia? ¿No es responsable el Partido Comunista de todo lo que hagan las FARC? ¿Y Enrique Santos? La cuestión del castigo a los crímenes atroces termina en que algún peón (sin autoridad, sin información, sin madurez personal, asustado y ebrio de mentiras de las que producen Molano y otros amigos de la paz) termina pagando cárcel mientras que los que dan las órdenes disfrutan del poder obtenido gracias a esos crímenes. El problema no es la impunidad, no es el castigo de los crímenes, sino sencillamente que éstos no resulten la fuente del derecho, que es lo que ocurre cuando el Estado renuncia a la ley y se alía con los transgresores. La complacencia con esta atrocidad es lo que oculta Uribe.
Quiero pedirle otra reflexión sobre la elegibilidad política de los terroristas. En España una persona acusada pero no condenada, a veces ni siquiera juzgada, por corrupción queda socialmente proscrita de la política. En cambio un terrorista convicto -Arnaldo Otegi, por ejemplo- recibe todo tipo de apoyos políticos y mediáticos para volver a las instituciones. En Colombia, incluso se contempla que terroristas hagan política sin cumplir un día de condena. ¿Por qué?
Porque todavía queda el rescoldo de aquella doctrina que trataba de manera benigna, incluso exaltaba, la acción criminal si tenía argumentos políticos. En Colombia, bajo mi gobierno, aprobamos la muerte política de los responsables de actos de corrupción contra el Estado. Pero incluso personas que votaron 'No' aceptan que terroristas se dediquen a la política. Por eso es tan importante no legitimar el terrorismo. Lamentablemente, esto no va a quedar bien del todo. Lo que el Gobierno ha pactado en La Habana es tan grave que nuestras reformas no bastarán para decir claramente: el terrorismo no sale a cuenta. No lograremos eliminar del todo ese dañino premio al terrorismo. Somos conscientes de que la situación del país exigirá hacer concesiones, aceptar cosas que nos disgustan profundamente.
Puede que la señora Álvarez de Toledo, que al parecer lee mucho, dedique un ratito a conocer la historia del M-19, el EPL o la "Corriente de Renovación Socialista", cuyos líderes no sólo hacen política sin pasar un día de condena (gracias entre otros a Uribe) sino que "gobiernan" (como el anterior alcalde de Bogotá) y dan clases de moral. Todo eso a lo que Uribe tiene que resignarse es lo que antes promovió, e insisto, ¿cómo se va a entender que algún jefe de las FARC tenga que pagar cárcel por sus crímenes si los que se oponen eligen a un asesino del mismo rango como senador?
¿Está diciendo que el proceso ha causado un daño objetivo y en algunos aspectos irreparable? 
En algunos aspectos, sí. Si Santos hubiera seguido las políticas de seguridad de nuestro Gobierno, si hubiera cumplido lo que prometió, Colombia habría ganado la paz sin legitimación del terrorismo. Porque los 5.650 guerrilleros que le quedan a las FARC ya se habrían desmovilizado. Los cabecillas estarían refugiados en La Habana o en Caracas, pero ya no tendrían capacidad criminal aquí. Y este país, que vio que era posible acabar con el narcotráfico, ya prácticamente lo habría eliminado. El presidente Santos abandonó el camino de la paz democrática y se deslizó por la pendiente de la justificación y el premio al terrorismo en nombre de la paz. Y eso lo vamos a pagar todos los colombianos.
Lo que ha hecho Santos tiene un efecto espantoso e irreparable, SOBRE TODO porque no ha tenido oposición. La reciente manifestación en defensa del NO es sólo un ejemplo, con el mayor descaro apareció Uribe diciendo en Twitter que "comprendía" a quienes protestaban. Nunca ha habido una gran protesta contra las negociaciones, por el contrario, los líderes uribistas han mostrado su apoyo a la negociación y aun al gobierno, que a pesar de las persecuciones criminales mantenía con cargos a sus clientelas. Todo lo que podría haberse hecho para impedir que el genocidio resultara la forma eficaz de acceder al poder político se ha estrellado contra el "liderazgo" de Uribe, cuyos cálculos van por otro lado.
[Suprimo una larga batería de preguntas que no resultan de especial interés para el objetivo de este post. El interesado puede remitirse a la entrevista.] 
Usted ha logrado una indiscutible victoria personal. Al margen del proceso, ¿a qué aspira ahora?
Personalmente, a nada. 
No puede volver a presentarse a la Presidencia porque constitucionalmente lo tiene vetado.
Y además no lo haría. Me sentiría mal. En las actuales circunstancias, lo mejor que puedo hacer es lo que hago: promover liderazgos nuevos y buenos para Colombia. 
Pero el referente absoluto sigue siendo usted. 
Van surgiendo personas muy capaces. Hay que impulsarlas.
Usted ya impulsó en su día al señor Santos. No parece estar muy satisfecho con el resultado. ¿Cómo garantizará el éxito del segundo beneficiario de sus impulsos?
Jajaja. 
No, no le veo retirándose...
Ay, me hacen falta los nietecitos. Quisiera tener tiempo. Yo dicto clases en la universidad sobre liderazgo. Quisiera aprender idiomas. Todavía los huesos no se me han deteriorado del todo. Todavía me permiten hacer algo que me gusta mucho: adiestrar caballos criollos. 
Nada de eso me parece incompatible, ni casi comparable, con su continuidad en la política.
Jajaja... 
Eso mismo contestaba Uribe en 2007 cuando le hablaban de volver a ser candidato. Sólo falta que una nueva Asamblea Constituyente se distraiga y resulte que es posible reelegirse de forma indefinida. ¿Cómo podría Uribe negarse al clamor del pueblo que le pide que vuelva? No creo que haya nadie, salvo obviamente sus enemigos de siempre, que se atreviera a exigirle lealtad a su palabra. 

La elección de Trump y de la mayoría republicana el pasado 8 de noviembre hace completamente anacrónica esa entrevista: las posibilidades de Santos de imponer sus acuerdos con los terroristas han menguado drásticamente, ya lo hace fuera de la ley y sin el respaldo que importa. Su única baza es que en Colombia no tiene una oposición articulada y el uribismo no cuestiona en absoluto las bases de su régimen ni de su política. Los que nos oponemos a las bandas terroristas debemos exigir acuerdos que presupongan la disolución de las FARC, la entrega de las armas y el dinero que han obtenido con sus crímenes, la confesión completa de sus crímenes a cambio de alguna forma de amnistía y el castigo a sus cómplices no integrados organizativamente (como todo el Partido Comunista). Pero primero debemos saber que nada de eso puede interesar a Uribe ni a su partido, cuyo único problema son las cuotas de poder que podrían alcanzar en el futuro, para lo que no vacilarán en hacer presidente al siniestro maoísta Jorge Enrique Robledo ni en aliarse con Santos, las FARC o quien haga falta.

Bueno, uno razona así sin ningún esfuerzo. Lástima que hacerlo sea olvidarse de la realidad. Hace ya seis años que señalo la complacencia del uribismo con el gobierno, siempre por motivos mezquinos, y realmente nadie piensa que eso se pueda pensar o decir. Los mejor intencionados dicen que no se debe amenazar la unidad, que consiste en la adhesión sentimental a un líder que siempre terminará favoreciendo a la vieja politiquería y reivindicando su pasado de promotor del engendro de 1991.

(Publicado en el blog País Bizarro el 12 de noviembre de 2016.)

domingo, noviembre 20, 2016

Si esto es periodismo...

Es difícil encontrar un solo gobierno de las últimas décadas en cualquier lugar del mundo que haya contado con tanto apoyo de los medios de comunicación, tanto en su país como en el exterior, como el de Santos. Y no sólo de los medios de comunicación, también de los gobiernos y parlamentos de los países más influyentes, a tal punto que su acuerdo con las FARC ha contado con el aplauso de los gobiernos de Norteamérica y Europa y aun del papa Francisco.

A medida que pasa el tiempo se van conociendo detalles de las maquinaciones que determinan esa unanimidad, como los favores al enviado especial del gobierno estadounidense a La Habana, las concesiones petroleras a la empresa estatal del país cuyo parlamento le concedió el premio Nobel, las presiones y chantajes sobre Suiza para conseguir el compromiso de ese país con sus acuerdos con los narcoterroristas (algún día se sabrá todo lo relacionado con Novartis y la amenaza de desconocer sus derechos de propiedad que contó con el desvergonzado Alejandro Gaviria en un papel estelar) o la incentivación indirecta de influyentes think tanks estadounidenses como el Atlantic Council o Diálogo Interamericano.

También se sabrá qué relación tiene con este gobierno el magnate mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo gracias a los favores de los gobiernos con los que tiene relación, que es hoy por hoy el primer accionista de la empresa que posee el New York Times y también posee empresas petroleras con intereses en Colombia. A lo mejor también se sabe cuánto influye el gobierno cubano y su amplísima red de propagandistas y espías, si bien es difícil encontrar pruebas de los incentivos que se pagan a través de la Caja B (la industria de la cocaína, en la que los pacifistas de las FARC y el gobierno venezolano tienen una innegable y amplia participación).

Sin algún tipo de presión por parte de Slim y de intereses espurios de por medio, es inconcebible que uno de los medios periodísticos más influyentes del mundo como es el New York Times publique una pieza de la más desvergonzada propaganda como el editorial sobre Colombia que apareció el pasado 14 de octubre, cuyas mentiras y cuya mala intención me propongo mostrar.
El hombre que bloquea la paz en Colombia
Un libro que se ocupara del pasado reciente de Colombia tendría que reconocer al ex presidente Álvaro Uribe, que gobernó entre 2002 y 2010, como quien estableció la base para las negociaciones de paz con las guerrillas al liderar una ofensiva contra los insurgentes que los llevó a la mesa de negociación. Sin embargo, de forma desconcertante, el señor Uribe se ha convertido en el principal obstáculo para una salida negociada al conflicto de 52 años en Colombia.
La mentira de que las FARC fueron a negociar porque las habían golpeado, como si no fuera su único objetivo y la única forma que tienen de acceder al poder: es para negociar para lo que matan y secuestran y trafican con cocaína. Sencillamente tenían a su hombre en la presidencia. Uribe abrió el camino para esa negociación porque hizo elegir presidente a Santos. Y no es en absoluto obstáculo para “la paz” sino un intermediario entre la mayoría de la población que no quiere someterse a los terroristas y la clase política, que intenta asegurarse una parte del botín. De no ser por Uribe no habría negociación de paz porque la población encontraría otros cauces para oponerse al narcorrégimen. No es el obstáculo para que los terroristas se impongan sino para que haya verdadera resistencia. No se opone a que se premie el genocidio sino que procura introducir matizaciones y hacer “críticas constructivas” para “formar parte de la solución”.
No es demasiado tarde para que Uribe, que mantiene una alta popularidad entre muchos colombianos, comience a comportarse como un hombre de Estado más que como un aguafiestas. Las decisiones que tome en las próximas semanas podrían determinar si el acuerdo de paz de su sucesor Juan Manuel Santos con la mayor guerrilla del país acabará de forma permanente con el derramamiento de sangre o si será otra oportunidad perdida. Un fracaso sería una tragedia, y lo más probable es que eche a perder el legado de Uribe, sobre todo porque no ha ofrecido una alternativa viable.
Un hombre de Estado, según se desprende del editorial, es aquel que renuncia a la ley y a la justicia en aras de complacer a unos genocidas que han cometido muchos más crímenes que los yihadistas en toda su historia y por supuesto más que los nazis cuando Francia e Inglaterra les declararon la guerra. Si hubiera que hacerle caso a ese editorial, ¿para qué iba a existir el derecho penal? También los policías arriesgan su vida al tratar de contener a los asesinos. ¿Por qué no se ponen de acuerdo para premiarlos y así detener el derramamiento de sangre? Todas estas preguntas son normales para un colombiano, pero no para un estadounidense que no sabe nada de las FARC y por muchos medios recibe datos falsos de la propaganda. Sólo hay que imaginarse cómo serán las noticias del New York Times sobre Colombia si en un editorial se atreven a sugerir algo así. ¿Tendrá algún lector del periódico la más remota idea de lo que contiene el acuerdo entre las FARC y el gobierno de Santos? ¿Sabrá de qué modo para el gobierno colombiano y para la inmensa mayoría de los funcionarios la condena a 17 años a Andrés Felipe Arias por un "delito" que no aparece en el Código Penal es legítima mientras que el premio a los que han reclutado, violado y forzado a abortar a miles de niñas es una forma de alcanzar la paz? El hecho de leer algo tan repugnante como ese editorial hace que uno se sienta sucio, como si hubiera presenciado escenas de canibalismo. ¿Qué está pasando hoy en el mundo? ¿Cómo pueden atreverse a publicar algo así?
En agosto, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, aceptaron dejar las armas y participar en política después de cuatro años de negociación con la administración Santos.
No entregan las armas ni se disuelven ni piden perdón ni sobre todo desisten de su propósito de implantar la tiranía comunista. El editorial hace creer que alcanzar sus fines a pesar del tremendo esfuerzo que significó intentar aplicar la ley es una concesión generosa que habría que darles, como si en lugar de desembarcar en Normandía se acordara entregarle a Hitler algunas colonias británicas y se dijera que aceptó recibirlas. Más indecencia requiere bastante imaginación.
A comienzos de este mes, los votantes colombianos rechazaron, por estrecho margen, ese acuerdo en un plebiscito, muchos de ellos por efecto de la hiperbólica y engañosa campaña que encabezó Uribe, que acusó, junto con sus aliados, al presidente Santos de ofrecer amnistía general a los criminales de guerra marxistas, que, según advirtió, podrían terminar tomándose el poder en el país. También afirmó, sin pruebas, que el acuerdo sería lesivo para el sector privado. El político que dirigió la campaña de Uribe por el NO, Juan Carlos Vélez, incluso admitió en una entrevista que habían evitado explicar los contenidos del acuerdo y, en cambio, “enfocaron su mensaje en la indignación”.
El "estrecho margen" es nada menos que del 83% del censo electoral, sin que se pueda suponer que el 17% que votaron a favor del sí lo hicieran libremente y según su opinión leal, por no hablar de las posibilidades inmensas de fraude directo en las regiones de escasa población. ¿Se podrá imaginar el votante estadounidense la asimetría entre las campañas del SÍ (con todos los recursos públicos a su favor) y del NO (con toda clase de amenazas incluso físicas para quienes la hacían), que escandalizó por ejemplo a Fernando Savater? ¿Y las presiones a los alcaldes y a toda clase de funcionarios para que lleven a votar a sus clientelas a cambio de recursos públicos? ¿Y el adoctrinamiento a que se dedican casi todas las universidades para "formar" gente que considera paz a premiar el crimen? ¿Y la certeza generalizada de que el SÍ ganaría por amplia ventaja gracias a las encuestas mentirosas y a la propaganda incesante, que llevó a muchos posibles votantes a abstenerse? Citan al señor Vélez Uribe, para acusar a la campaña del NO de engañar a los votantes, pero ¿acaso los editorialistas han leído los acuerdos y pueden hablar de ellos? A lo mejor sí lo han hecho, sólo que quieren que gran parte del territorio del país pase a manos de una banda genocida, seguramente porque es lo que conviene a los que hoy controlan el periódico (como probables socios de Santos y los Castro).
Santos anunció esta semana que los diálogos de paz de su gobierno con el segundo grupo más grande de rebeldes, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, comenzarán formalmente dentro de poco tiempo en Ecuador.
Los asesinatos, secuestros, extorsiones, violaciones de niñas y demás atrocidades de las FARC se multiplicaron a partir de 2010 debido a que se vislumbraba un premio al poder terrorista y a que el terror es la verdadera "pedagogía para la paz". El ELN, una banda moribunda desde hace mucho tiempo, recibirá a los miembros de las FARC (como ya ocurrió con los del M-19 en los noventa, caso por ejemplo de alias Pablo Catatumbo) y multiplicará sus crímenes, pues sin ellos no tendría sentido que se negociara con la banda. No obstante, explotando el escaso conocimiento que tendrán los lectores estadounidenses, el equipo editorial del New York Times les hace creer que tal anuncio es una buena noticia.
Para que el acuerdo con las FARC vuelva a encarrilarse y los diálogos con el ELN den resultados, Uribe tendrá que desempeñar una función constructiva. Tras el plebiscito, presentó una serie de demandas poco realistas respecto del acuerdo de paz con las FARC, entre las que estaba revocar el sistema de justicia transicional con un tribunal especial, que está en el núcleo del acuerdo. Ese tribunal ofrecería amnistía a la mayoría de los combatientes rasos y castigo benévolo a los miembros de la guerrilla que confiesen delitos graves."
En este párrafo la voluntad de engañar a los lectores es manifiesta, abierta, sólo que los colombianos no leen muy bien el inglés y los estadounidenses no saben mucho de Colombia. Resulta que el tribunal que nombran los propios terroristas no sólo podría mostrarse indulgente con ellos, sino también castigar a quienes les han estorbado. El "realismo" que le "proponen" a Uribe sería sencillamente renunciar a la más elemental justicia y a la más elemental noción de democracia. El tribunal que surge del acuerdo rechazado por los colombianos es sencillamente la implantación de la tiranía comunista, pues sería un órgano de terror incontestable. Lo realista es pedir lo que para estos malhechores es imposible, el cambio completo del texto del acuerdo para impedir que desde el poder se multipliquen los asesinatos, como ha ocurrido con los comunistas en TODOS LOS CASOS en que han llegado al poder. Imagínese el lector que alguien propusiera algo así para la mafia siciliana o cualquier otra banda responsable de atrocidades que sufrieran los lectores de ese periódico. Lo "realista" es una noción gangsteril que hace pensar en esos editorialistas como verdaderos cobradores de secuestros.
Si Uribe tiene una idea mejor que sea realizable, debería enviar una delegación a La Habana, donde los líderes de las FARC están actualmente instalados, para buscar compromisos en asuntos relacionados con la justicia y la participación política. Si todas las partes están dispuestas a negociar de buena fe, un acuerdo final puede alcanzarse antes de que acabe el año. En días recientes, miles de colombianos que apoyaron el acuerdo de paz se han tomado las calles para llamar a la clase política a trabajar juntos por una pronta resolución.
La mentira alcanza cotas cada vez más atroces. ¿De modo que Uribe no quiere enviar una delegación a La Habana ni llegar a compromisos con las FARC? Pero si es precisamente lo que quiere y no le dejan hacer porque los acuerdos sólo son entre el gobierno elegido como uribista y los terroristas dirigidos por los Castro, cuyo principal socio en Colombia es precisamente el hermano mayor del presidente (cosa que muy pocos estadounidenses sabrán). Los "miles de colombianos que se tomaron las calles" son los mismos estudiantes universitarios que sirven de base social a los terroristas y que en muchas ocasiones "han tomado las calles" para cobrar los secuestros y masacres, como ocurría cuando intentaban que el secuestro de Íngrid Betancur sirviera para abolir la ley.
Si la pelea se extiende más allá de este año, la ayuda internacional comprometida para desarrollar el acuerdo de paz seguramente comenzará a debilitarse. Por ejemplo, la ONU ya envió grupos de observadores que monitorearán el cumplimiento del acuerdo y asumirán la custodia de las armas de los combatientes rebeldes. No se puede esperar que estos grupos esperen indefinidamente hasta que haya un desenlace político.
Según alias Timochenko, lo que los colombianos votamos no tiene ningún valor porque el acuerdo ya está depositado en el Consejo de la Confederación Helvética. Según estos cínicos, no debe ser atendido porque la ONU ya envió grupos de observadores. En uno y otro caso el interés de una banda terrorista, y el del gobierno que la premia, debe estar por encima de la voluntad de los ciudadanos, todo bajo la amenaza de que vuelva el derramamiento de sangre, dado que se da por sobreentendido que hay dos bandos con igual legitimidad. Ya hubo un desenlace político, los colombianos rechazamos el acuerdo en el plebiscito y el acuerdo posible va mucho más allá de lo que Uribe ha pedido hasta ahora (sus propuestas son en realidad un aplauso a la negociación). Sobre todo, los terroristas tienen que disolverse y pedir perdón, por no hablar de renunciar a producir cocaína, algo sobre lo que el editorial no tiene nada que decir.
A pesar de que el gobierno y las FARC han manifestado que están comprometidos en mantener el cese al fuego que ya lleva más de un año, es más probable que haya nuevos brotes de violencia si este punto muerto se prolonga. Un regreso a la guerra, que no se puede descartar, sería catastrófico. Si eso llegara a suceder, Uribe sería el principal culpable.
No podría terminar mejor. Así ocurre cuando llaman a cobrar un secuestro: "Su hijo podría sufrir y usted sería el principal culpable". No habría brotes de violencia si Santos hubiera persistido en aplicar la ley, aunque puede que en ese caso no tuviera que negociar con Noruega y Suiza y Carlos Slim en condiciones tan lesivas para el interés de los colombianos, ni que gastarse decenas de miles de millones de dólares en propaganda de la banda terrorista, pues ¿no se la legitima cuando se la convierte en agente de paz y cuando se la equipara a sus víctimas?



Algo atroz está ocurriendo cuando el periodismo llega a ser eso. Cuando no se esfuerza en contar la verdad sino en engañar y simplemente aplica una consigna previa para favorecer intereses espurios. Ojalá la movilización de los colombianos que no compartimos los fines del gobierno y los terroristas, en realidad ligados a la expansión de la industria de la cocaína (a efectos prácticos legalizada desde hace tiempo en Colombia), permita dar a conocer al mundo la infamia que se comete con la tal "paz".

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de octubre de 2016.)

miércoles, noviembre 02, 2016

No, señor Vargas Llosa


Mario Vargas Llosa publica desde hace varias décadas de forma regular artículos en El País sobre los más variados temas, y su prestigio como novelista refuerza la acogida que encuentran sus opiniones, expresadas en una prosa descuidada y a menudo basadas en generalizaciones más bien ligeras.

Con asombroso aplomo se lanza el hombre a pontificar sobre las negociaciones de “paz” en Colombia reproduciendo las más burdas patrañas de la propaganda terrorista, que le llegan a través de su amigo Abad Faciolince, personaje que ha llegado a ser para miles de colombianos el Goebbels de las FARC.

La relación de este escritor con la conjura terrorista se podría demostrar fácilmente pensando en su plena coincidencia con todos los demás propagandistas y con todas las falacias que propalan, la más característica de las cuales es llamar a los cobradores de masacres como Piedad Córdoba o Iván Cepeda "defensores de derechos humanos". El papel de Abad en la legitimación del genocidio llega a tal punto que es el narrador del documental La toma, creado para justificar la infame condena al coronel Plazas Vega: el premio a los violadores de niñas es “la paz”, la persecución contra quienes aplican la ley es “la justicia”.

Hoy 16 de octubre de 2016 aparece un nuevo escrito de Vargas Llosa en el que comenta el resultado del plebiscito. En él destaca la obscena oposición entre “la paz” y “la guerra”. Señor Vargas Llosa, la “guerra” que haya habido en Colombia es comparable a la que hay aún en Estados Unidos contra las organizaciones criminales creadas por ciudadanos de origen siciliano. Es rotundamente falso que los colombianos nos hayamos estado “entrematando” pues sólo lo han hecho los compañeros de Abad Faciolince y sus rivales en el negocio de la cocaína. Si toda labor criminal exitosa diera lugar a una “guerra” en la que un "bando" debiera ceder, no existiría en ninguna parte el derecho penal. Sólo primaría la ley del más fuerte, que es lo que mediante patrañas, falacias como las que usted reproduce y canalladas sin límites pretenden imponer los socios del castrismo en Colombia.

Señor Vargas Llosa, de no ser usted un indigente moral no se atrevería a escribir una mentira tan escandalosa como que “la popularidad de las FARC en algún momento del medio siglo transcurrido llegó a ser alta”. Realmente el Partido Comunista nunca ha llegado a obtener suficientes votos para superar el umbral que permitiría entrar en el parlamento a un partido en Europa, y eso que la propaganda intenta ocultar su relación con las FARC. NUNCA esta banda asesina ha figurado en ninguna encuesta con una popularidad superior al margen de error de la encuesta más indulgente.

Es obscenamente falso que "a los antiguos guerrilleros les costará muchos esfuerzos y una entrega real al quehacer político pacífico para recuperar un papel importante en la Colombia del futuro", lo que ocurre es precisamente lo contrario, que gracias a las decenas de miles de millones de dólares que tienen gracias a sus negocios criminales y al control que ejercen sus compañeros del Partido Comunista y los clanes oligárquicos sobre el poder judicial, son ahora mismo dueños del Estado, lo que es fácil comprobar viendo la situación en que están todos los líderes políticos que de algún modo podrían incomodarlos. Eso sin la menor duda empeorará cuando todas sus atrocidades resulten legalizadas por "la paz" que miles de miserables como usted promueven.

Es escandalosamente falso que los terroristas hayan renunciado a sus fines de abolir la democracia. Ya han manifestado claramente que desconocerán el resultado del plebiscito, tal como lo ha hecho su presidente (de usted y de ellos). Pero aunque fingieran aceptarlo, en centenares de ocasiones han proclamado su intención de seguir el camino de Cuba y Corea del Norte, lo que harán en cuanto puedan asegurar el control de la mayor parte del territorio y controlar totalmente a las Fuerzas Armadas. De hecho, ¿alguien ha pensado que de algún modo piensan retirarse del negocio de la cocaína? La expansión de esta industria es la base de "la paz" y del gobierno de Santos, que con increíble desfachatez se dedica a protegerla, por ejemplo cesando en la aspersión aérea de glifosato. No es sorprendente que Colombia haya vuelto a ser el primer productor mundial de esta sustancia, ni que la producción haya aumentado de 250 toneladas métricas en 2014 a 420 en 2015.

Señor Vargas Llosa, como oráculo intelectual usted es un patán repugnante. Cuando en su artículo se alude a "la paz" se mantiene la misma polisemia de la propaganda de los terroristas y su gobierno, porque los significados que provee el diccionario para esa palabra se confunden en una metonimia canallesca con "la negociación de paz", con lo que los colombianos que no quieren que los que han violado a sus hijas y hecho reventar a sus hijos como bombas humanas sean sus amos resultan los partidarios de la guerra y los que han llevado a cabo esas proezas resultan agentes de paz. Los políticos colombianos, gente mediocre y mezquina, se suman a esas falacias de la propaganda y apoyan "la paz" con ese sentido de "negociación de paz" porque esperan algún beneficio particular como parte en esa negociación, pero al obrar así son como quien ayuda a despojar a la víctima de un atraco convenciéndola de que no se resista. Sencillamente, la inmensa mayoría de los colombianos desean la paz como el cese de la violencia, no como el premio a los que la practican, que desde el poder, como dueños del poder judicial y de amplias regiones sin control de ley alguna, multiplicarán sus atrocidades. Los políticos aman la negociación de paz, el pueblo quiere vivir en paz, lo que no se consigue en Colombia nunca precisamente porque los criminales siempre encuentran aliados en políticos que ven el botín del atraco y corren a ver qué obtienen gracias a él.

Para esa mayoría de europeos ansiosos de sentirse nobles y generosos, sus escritos en apoyo de los asesinos pueden caer como suaves halagos, pero eso no cambia que sean absolutas canalladas, claros ultrajes a las víctimas, que no han estado matando a nadie sino que han recibido la visita de los subalternos de gentes como García Márquez o su heredero Abad Faciolince, gentes cuyo poder e influencia dependen de las exacciones y crueldades que sufren los colombianos humildes. Como hombre público, ya en una etapa final, usted deja una herencia repugnante, al hacerse cómplice de la abolición de la democracia y el premio del genocidio.

(Publicado en el blog País Bizarro el 16 de octubre de 2016.)

domingo, octubre 16, 2016

Abad Faciolince y la vieja propaganda terrorista


El artículo en que Mario Vargas Llosa manifiesta su apoyo al llamado proceso de paz en Colombia tiene a la larga más impacto del que muchos quieren reconocer. Es una voz autorizada, sobre todo por su rechazo y denuncia de los regímenes chavistas que destruyen a varios países de la región. Lástima que no entienda que "la paz" es sencillamente la implantación de otra satrapía de ese estilo y "compre" la más descarada propaganda. (Lia Fowler comenta aquí dicho artículo.) Asegura haberse decidido a apoyar el voto por el SÍ a partir de un artículo de su amigo Héctor Abad Faciolince, que comentaré.
Ya no me siento víctima
Yo he entendido la historia reciente de mi país no a través de ninguna teoría, sino a través de las historias familiares. Cuando uno tiene una familia numerosa, la ficción es casi innecesaria: en una familia grande, todas las cosas han ocurrido alguna vez. Esas historias me permiten reflexionar sobre lo que ha pasado y sobre lo que pasa en Colombia, para luego tomar una decisión que es política, pero también vital, porque no está dictada por la ideología, sino por la imaginación: trato de pensar de qué manera podríamos vivir mejor, sin matarnos tanto, con menos sufrimiento, con más tranquilidad.
Este párrafo tiene en El País un enlace a otro artículo de propaganda de una película sobre el libro más famoso de Abad, el que trata del asesinato de su padre. La misma entradilla de ese artículo es obscena y mentirosa propaganda. Dice que Abad Gómez fue asesinado "por defender los derechos humanos". ¿Qué "derechos humanos" defendía si era un activista muy próximo al Partido Comunista y lo acompañaba un abogado de guerrilleros? Tal vez la noción de "derechos humanos" del régimen de Corea del Norte, cuya asociación de amistad presidía. Abad Gómez era defensor de derechos humanos exactamente igual que Piedad Córdoba e Iván Cepeda, sólo que el público español no sabe en qué consiste esa filantropía.

Y claro, la mentira de un criminal asoma en cada frase: ¿usted amigo lector a quién ha estado matando? El genocidio que se ha cometido en aras de la carrera política de Abad Gómez y de su hijo resulta algo que los colombianos hemos estado haciendo, pero sólo lo han hecho ellos. Puede sonar a paradoja cuando precisamente Abad Gómez fue asesinado, pero ¿cuántas personas inocentes han matado ellos para poder llegar a la paz?
Para explicar por qué celebro y estoy tan feliz con el Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Santos y la guerrilla de las FARC, voy a intentar reflexionar con ustedes a partir, otra vez, de una historia familiar.
Abad Faciolince (que redacta espantosamente, como el mismo Vargas Llosa: debería haber escrito "por qué celebro el acuerdo... y estoy tan feliz con él" pues la preposición con sólo acompaña a "estoy tan feliz") celebra el acuerdo porque es lo que siempre ha promovido y porque él mismo es un gran jefe de la conjura terrorista. El problema es que los españoles desconocen totalmente la conjura terrorista (pero juzgan con asombrosa propiedad, aventajando a los mismos colombianos) y los colombianos no ven otra cosa que la marca del calzado de cada individuo. 
Nunca sentí ninguna simpatía por las FARC. El esposo de una de mis hermanas, Federico Uribe (sin parentesco con el expresidente de Colombia), fue secuestrado dos veces por la guerrilla. La primera vez lo secuestró el Frente 36 de las FARC, hace 28 años, cuando él tenía 35. Once años después, otro grupo lo volvió a secuestrar; los muchachos que lo vigilaban en la montaña eran tan jóvenes que le decían “abuelo” a un hombre de 46. Federico no era, ni es, una persona rica. Tal vez tenía el apellido equivocado. Tampoco era pobre y no sería extraño que los muy pobres lo vieran como muy rico.
Abad Faciolince nunca sintió ninguna simpatía por las FARC pero ¡qué extraño! quienes lo leemos hace años no recordamos que nunca les haya sugerido que se desmovilicen y desistan de implantar su tiranía sino que ha combatido con taimada violencia al único gobierno que intentó aplicar la ley, así como cualquier esfuerzo por oponerse a la negociación de Santos (lean este artículo, sobre todo el párrafo final, para formarse una idea de la clase de móviles del pensador). Sencillamente es un escritor reconocido gracias al Partido Comunista y a su amistad con García Márquez, otro jefe terrorista al que los colombianos aplauden porque los niños bomba les dan igual y creen que un premio Nobel de literatura los honra, y explota su influencia COBRANDO los niños bomba y las demás atrocidades terroristas, sólo que en el papel de desinteresado amigo de la concordia, exactamente como quien cobra un secuestro.

La carrera literaria de Abad, más allá de la calidad de su obra (sobre la que no diré nada porque la desconozco totalmente), tiene que ver con esos apoyos. En 1998 Colombia fue país invitado a la feria del libro de Barcelona y la vitrina principal sólo tenía ejemplares de un libro suyo. Era el gobierno de Samper y los responsables culturales pertenecían al Partido Comunista o a alguno de sus satélites. También el apoyo de García Márquez determinó su prestigio (no hablemos del dinero del secuestro invertido en los típicos embajadores de las FARC en toda Europa y toda América, dedicados a buscar colaboraciones universitarias y apoyos a la defensa de los derechos humanos). Al respecto vale la pena leer lo que escribía hace más de diez años sobre su incapacidad de reprocharle al Nobel su amistad con Fidel Castro.

Abad Faciolince no siente ninguna simpatía por las FARC tal como el dueño de un matadero no experimenta ningún placer con la sangre. Además de García Márquez (y ahora de Vargas Llosa), es conocida su íntima amistad con Carlos Gaviria, otro pensador ajeno a las FARC que casualmente era candidato presidencial del Partido Comunista y los demás grupos promovidos por La Habana y Chávez, y que como magistrado se destacó como defensor de la conexidad del asesinato con el "delito político" (el interesado podrá ver la clase de perlas que escribía leyendo las frases resaltadas en negrita al final de este artículo). Tendría gracia que Vargas Llosa, o Savater, o Krauze y otros amigo de Abad Faciolince expresaran su opinión sobre la idea de que "no es lo mismo matar para enriquecerse que matar para que la gente viva mejor". Yo considero, y lo digo sin ninguna malicia, mucho menos criminal al rústico que obliga a un niño a llevar una carga explosiva que a quienes promueven y legitiman esos crímenes como Gaviria y Abad (en esta entrevista enlazada arriba se pueden encontrar menciones a Gaviria). Es porque yo soy en realidad ex colombiano y juzgo la moralidad de las acciones y no el estrato de sus autores.
Mi cuñado (ahora excuñado, porque en todas las familias hay divorcios) tenía y tiene 120 vacas lecheras en un pueblo a 2.600 metros de altitud en el oriente de Antioquia. Después de un mes secuestrado y de pagar la “cuota inicial” del rescate para que lo soltaran, tuvo que seguir pagando lo que faltaba, en cómodas mensualidades, durante 36 meses más. La guerrilla, tan amable, le dio tres años de plazo para pagar. Ustedes preguntarán: ¿y por qué no acudía a la policía, al Ejército, a las autoridades del pueblo? Él les contestaría: “Permítanme una sonrisa”. En las zonas rurales de Colombia el Estado no existía; hay partes donde no existe todavía; cuanto más lejos esté la tierra de las ciudades principales, menos Estado hay. Si Federico no pagaba las cuotas, tampoco podía sacar la leche de la finca, y de eso vivía. Si no pagaba las cuotas, lo podían matar en la misma lechería. Si no pagaba las cuotas, le podían secuestrar a uno de sus hijos, mis sobrinos. En fin, en ausencia de un Estado que controlara el territorio y defendiera a los ciudadanos, no había otra que pagar. O hacer lo que hicieron otros finqueros: vincularse a un grupo paramilitar que los protegiera a cambio de una cuota mensual parecida. Federico Uribe no era de esos que se complacían en ver matar, y los paramilitares mataban sin preguntar. Además, los paramilitares habían matado a su suegro, a mi papá, y no era el caso de aliarse con otros asesinos.
La propaganda de "la paz" de Santos es simplemente la reproducción de la vieja propaganda de los terroristas. Lo mismo ocurre con los cuentos de Abad, como esa infamia cínica de la "ausencia del Estado". Cuando el gobierno de Uribe se esforzó por hacer presente al Estado, toda la conjura terrorista se dedicó a impedir que ocurriera. Precisamente fue lo que se hizo pero ¿por qué no mejor negociar y dejar de matarnos? Era la noble ocurrencia del pacifista (que obviamente JAMÁS polemiza con los que consideran a Piedad Córdoba defensora de derechos humanos y los demás propagandistas del interés de las FARC). También los crímenes de la mafia en Nueva York o los de las pandillas en California corresponden a la ausencia del Estado en ciertos ámbitos, lo que pasa es que no tienen una red tan formidable como la del régimen cubano.
Federico —acabo de llamarlo para preguntarle— va a votar no en el plebiscito sobre la paz. “Yo no estoy en contra de la paz”, me dijo, “pero quiero que esos tipos paguen siquiera dos años de cárcel. Mientras me tuvieron secuestrado mataron a dos”. Yo lo entiendo, lo aprecio y no lo considero un enemigo de la paz, así no esté de acuerdo con él. No me siento con autoridad para juzgarlo y tiene todo el derecho de votar por el no. Pero, aunque lo entiendo, espero que él también me entienda a mí ahora que escribo que voy a votar por el sí. Entiendo su posición sobre la impunidad. Creo tener derecho, sin embargo, a decir que no me importa que no les den cárcel a los de las FARC, pues cuando el presidente Uribe hizo la paz con los paramilitares escribí un artículo en el que sostuve que no me interesaba que los asesinos de mi padre pasaran ni un día en la sombra. Que contaran la verdad, y listo: que los liberaran, que se murieran de viejos. Si no me creen, aquí pueden ver ese artículo, publicado en la revista Semana en julio de 2004: http://www.semana.com/opinion/articulo/una-cuestion-personal/66783-3.
Es la vieja propaganda del Partido Comunista que los que hemos leído la prensa colombiana reconoceríamos desde lejos. El que no quiere que Colombia sea una colonia cubana y que imperen los terroristas (pero imperan hace décadas, a tal punto que un criminal como Carlos Gaviria presidía la Corte Constitucional) es por afán de venganza. El uribismo colabora en esa tarea: parece que el problema fuera la impunidad y que entregar vastas regiones del país a una organización criminal importara menos, pero yo apoyaría una amnistía total si las FARC se disolvieran y desistieran de sus crímenes. Lo que contiene el acuerdo de paz es sencillamente el logro de sus fines. Ahora tendrán los billones obtenidos con la extorsión, la cocaína y la minería ilegal para dominar "legalmente" el Estado. La cuestión de la punición es totalmente secundaria, pero a los que desconocen el tema los convencen de que quienes nos oponemos es por afán de venganza, que "comprenden" con la suave indulgencia que los caracteriza.
De los 28.000 paramilitares que aceptaron desmovilizarse durante el Gobierno de Uribe, tan solo un puñado de ellos pagaron cárcel, y no porque el presidente lo quisiera, sino porque la Corte Constitucional lo obligó. Su proyecto inicial ofrecía impunidad total. El texto del Acuerdo de Ralito (el sometimiento de los paramilitares) nunca nos lo mostraron; a las víctimas de los paramilitares no nos llevaron a la zona de los diálogos para decirles en la cara el dolor que nos habían causado y para darles la bienvenida a la vida civil, como en mi familia hubiéramos querido hacer; tampoco se sometió el acuerdo con ellos a un plebiscito. Esto no es un reclamo, sino una comparación. Santos ha publicado el texto (larguísimo, farragoso, pero útil, del Acuerdo de La Habana); llevó a las conversaciones a grupos de víctimas (incluso a mí me invitaron, pero no quise ir, pues no me siento víctima ya); y ahora lo somete al veredicto del pueblo.
Los acuerdos con los "paramilitares" condujeron a la desmovilización de esas bandas y la desaparición de las Autodefensas Unidas de Colombia, lo que hay ahora es una nueva Constitución con buena parte del territorio en manos de una organización criminal cuyo negocio de la cocaína queda sencillamente legalizado. No hablemos del tribunal que nombrarán ellos mismos. No importa, los lectores españoles desconocen todo eso y creen que de algún modo Uribe era amigo de los paramilitares mientras que Santos es ajeno a las FARC (porque es su contrario, la vieja oligarquía). Lo que hace Abad es sencillamente engañar. ¿Alguien recuerda a las víctimas que llevaron a La Habana? ¡No pudo ir el general Mendieta, víctima de un secuestro monstruoso porque el ínclito profesor Carlos Medina se lo impidió! Es injusto decir que Abad sea un jefe terrorista, es algo peor, es un desalmado que promueve el crimen, prospera gracias a él y maquina engaños para conseguir sus fines.
Si en el caso de los asesinos de mi padre yo estaba de acuerdo con un pacto de impunidad, con la única condición de que los paramilitares contaran la verdad y dejaran de matar, creo tener autoridad moral para decir que también estoy de acuerdo con el Acuerdo de Paz con las FARC, los secuestradores de mi cuñado. En el caso de las FARC, también acepto una alta dosis de impunidad a cambio de verdad. Tengan en cuenta además que por delitos atroces, entre los cuales se incluye el secuestro, no es cierto que en este acuerdo haya impunidad total. Los responsables pagarán hasta ocho años (si lo confiesan todo antes de que empiece el juicio) de “restricción efectiva de la libertad”, no en una cárcel corriente, sino en condiciones que el Tribunal Especial para la Paz decidirá. Y si la confesión ocurre durante el juicio, esos ocho años los pasarán en una cárcel normal. Y si no confiesan y son derrotados en juicio, la pena será de 20 años en cárceles del Estado.
No me parece apropiado poner en duda la moralidad de Vargas Llosa, sólo su avilantez opinando sobre asuntos que desconoce, movido por el hábil halago de miserables como este Abad. ¡Resulta que él sólo quería que los "paramilitares" (que no tenían nada que ver con quienes mataron a su padre porque en esa época no existían las AUC ni estaban activos los Castaño) DIJERAN LA VERDAD. Hete aquí que se da por sobreentendido que las FARC van a decir la verdad de los 16.000 secuestros que se les atribuyen y de la violación de muchos miles de niñas (a las que obligan a abortar), así como de las miles de atrocidades cometidas. De hecho, realmente, la impunidad y elegibilidad y hasta la misma persistencia de la banda serían aceptables si se pudiera conocer toda la verdad, no sólo de los crímenes terroristas sino de su entorno y sus cómplices. Baste ver las respuestas que dan al reclutamiento de niños para saber cuál es la verdad que aportarán. ¿Cómo va a saber eso el lector español si no lo entiende Vargas Llosa? No hablemos de lo que se puede esperar del "Tribunal Especial para la Paz" nombrado por los propios terroristas. La desfachatez de este hombre es más perversa que el peor de los crímenes terroristas.
Así que no estoy de acuerdo con mi excuñado, a quien comprendo y admiro y sigo queriendo igual, en que se haya firmado un acuerdo de impunidad total. Fue un acuerdo muy generoso con las FARC, sin duda, y ojalá la guerrilla hubiera aceptado pasar siquiera dos años en la cárcel, que es a lo que aspira Federico. Pero esto fue lo mejor que el Gobierno pudo lograr, tras cuatro años de duras negociaciones, con una guerrilla que no estaba completamente derrotada.
¡Pobre gobierno! Tras varios años apenas consiguió eso de las FARC (cuyos crímenes se multiplicaron entre 2010 y 2015 gracias a que se prometía premiarlos y a que la máquina de exportación de cocaína por Venezuela necesita operar con el máximo rendimiento). La desfachatez con que se juzga a unos miserables como De la Calle o Jaramillo favoreciendo la recuperación de la industria de la cocaína (Colombia ha llegado a ser de nuevo el principal productor, cosa que es la principal tarea del gobierno, lo cual se comprueba con la actuación del ministro de Salud, otro amigo de Abad, en contra del uso del glifosato) como búsqueda de castigo de los terroristas sólo es otra forma de obrar criminal.
Cuando escribo para España, o cuando hablo con españoles, algunos esgrimen el ejemplo de ETA para decirme que el Estado no puede ser condescendiente con los terroristas ni puede perdonar. No creo que los casos se parezcan ni se puedan comparar. Las FARC nacieron en un país violento, muy desigual y muy injusto, lo que no las justifica, pero sí explica en parte su furor. La guerrilla de las FARC llegó a tener 20.000 hombres en uniforme; llegó a tomarse la capital del departamento (Estado) del Vaupés, Mitú. Ejerció control y dominio (como un Estado alternativo que impartía “justicia” y resolvía líos domésticos) en amplios territorios rurales.
La injusticia no justifica a los terroristas pero la vieja propaganda siempre busca hacer pensar que los terroristas se levantaron contra ella. Falso hasta asquear. El proyecto comunista en Colombia existe para favorecer la desigualdad y lo promueven los clanes más altos de las castas dominantes. Baste comparar los ingresos y las pensiones de los funcionarios favorecidos por los sindicatos comunistas (es decir, por el poder de intimidación y el dinero de las guerrillas) para entenderlo. La injusticia y la desigualdad no son la causa de las guerrillas sino su fruto. Tal vez no lo entienda Vargas Llosa, la verdad es que ese nivel de comprensión no lo alcanza nunca en sus artículos de prensa (cuando Vargas Llosa era compadre de García Márquez, antes de enemistarse con él por cuestiones personales, Octavio Paz señalaba que el colombiano representaba a las guerrillas hispanoamericanas en los restaurantes y bares de Barcelona). Tampoco lo entienden los españoles. He hablado con muchos cientos de ellos y no recuerdo a ninguno que no crea que las guerrillas son campesinos oprimidos que se levantan contra la injusticia. También creerán que la toma de Mitú por unas horas es como la de una capital de provincia española, de ese nivel es el engaño.
Las FARC han sido una guerrilla despiadada, sanguinaria, sin duda. Una guerrilla que cree firmemente y con fanatismo mesiánico en la última religión del siglo XX, el comunismo marxista leninista. En la lucha armada, en su ideología, en sus actos de terror, creo que la guerrilla se equivocó de un modo atroz. Pero en más de medio siglo de desafío al Estado no ha podido ser derrotada por las armas. Colombia tiene el presupuesto de seguridad más alto de América Latina; tiene el Ejército más numeroso; gastamos en armamento lo que no nos gastamos en salud o educación. Tuvo un presidente, Álvaro Uribe, cuya mayor obsesión durante ocho años fue exterminar a la guerrilla que había matado a su padre. La debilitó mucho, las FARC quedaron en menos de 10.000 efectivos, pero tampoco la pudo derrotar. Su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, llegó al poder y, al verla debilitada, les volvió a ofrecer lo que todos los presidentes anteriores (incluyendo a Uribe) les habían ofrecido: unas conversaciones para llegar a un acuerdo de paz. Y Santos acaba de conseguir lo que ninguno de los presidentes anteriores consiguió: que las FARC se plegaran a dejar las armas y aceptaran convertirse en un partido político con garantías de seguridad e incluso con una mínima representación en el Congreso en las próximas elecciones.
La vieja propaganda, el Estado no pudo vencer a las FARC. Pero al final del gobierno de Uribe no existían en zonas pobladas, realmente más bien tenían bases en Venezuela y Ecuador. Y de hecho la única fuerza de las guerrillas es su agencia de cobro, la vasta red de medios, universidades, sindicatos y demás frentes del Trust Münzenberg. Las campañas de calumnias contra el gobierno de Uribe tenían por objeto mantener esa invencibilidad. Y Santos tenía el propósito de negociar "la paz" desde mucho antes de ser ministro de Uribe (cuya patética ineptitud y tosquedad son la mejor baza de los terroristas). El primer jefe de las bandas terroristas en Colombia es su hermano mayor, ligado directamente a los Castro. Mentiras y más mentiras para reforzar lo que la propaganda hace creer a la gente, la vieja propaganda.
En todas las familias hay uno que otro envidioso; se sienten celos aun entre los hermanos. Por eso entiendo tan bien, por eso me parece tan comprensible, tan humano, que los dos presidentes anteriores (Pastrana y Uribe) sientan celos porque Santos haya logrado lo que ellos buscaron sin conseguir. Se entiende también que quieran adoptar para su envidia una máscara más noble, la máscara de la “impunidad”. Pero estoy seguro de que, si ellos estuvieran en el poder, ofrecerían una impunidad igual o mayor que esta. Un presidente mucho más viejo, casi centenario, lúcido, ya curado de espantos y mucho más allá del bien y del mal, Belisario Betancur, un presidente que estuvo a punto de firmar la paz con la guerrilla hace 30 años, pero que fue saboteado por la extrema derecha (mezcla de paramilitares, terratenientes y una franja del Ejército) mediante el exterminio de líderes de izquierda y de todo un partido político, la Unión Patriótica, este viejo presidente, en cambio, conservador y católico, votará por el sí. También Gaviria y Samper harán campaña por el sí.
Yo nunca he sido admirador de Vargas Llosa, pero al leer este párrafo siento verdadera vergüenza ajena. ¡Resulta que Uribe y Pastrana sienten celos de que Santos lo logre! Más ridículo no puede ser. Más miserable que creer que la paz de Betancur con las FARC no funcionó porque los Castaño mataran a unos cientos de terroristas desarmados años después de que fracasaran los diálogos no se puede ser. Los españoles no saben que la negociación de paz de Betancur es el verdadero origen del poder de las FARC, que aprovecharon la legalidad para instalarse en muchas regiones, en las que operaban como partido armado secuestrando y extorsionando. El interesado en el proceso de negociación y sus frutos sólo tiene que mirar este gráfico sobre el número de homicidios relacionados con el "conflicto armado"..


Burdas mentiras, vieja propaganda. Desgraciadamente los colombianos creen más en lo que les dicen que en lo que ven (cuanto más rubia sea una persona y cuanto más lejos viva, más se tendrán en cuenta sus opiniones). El partido "Unión Patriótica" sólo eran las FARC, o sea, sólo era el Partido Comunista, y sus líderes, como Luis Eduardo y Angelino Garzón, son en nuestra época vicepresidentes y ministros.
Termino: las historias familiares, que son como una novela real, me han obligado a sentir y me han enseñado a pensar mucho sobre el sufrimiento, sobre la justicia y la impotencia, sobre la humillación y la rabia, sobre la venganza y el perdón. Escribir la injusticia que se cometió con mi padre, el asesinato de un hombre bueno, me curó de la necesidad de aspirar a ver en la realidad la representación de la justicia (una cárcel para los asesinos). De alguna manera yo siento que pude hacer justicia contando la historia tal como fue. Seguramente si mi cuñado hubiera podido contar la historia de su secuestro, como lo hicieron Ingrid Betancourt o Clara Rojas, ahora estaría más tranquilo y en el mismo grupo de ellas, el grupo de los que apoyamos el sí. Es por eso que ahora que he contado la historia de Federico, y ahora que he explicado mi posición para un periódico español, yo le preguntaría a mi excuñado lo siguiente: ¿no es mejor un país donde tus mismos secuestradores estén libres haciendo política, en vez de un país en que esos mismos tipos estén cerca de tu finca, amenazando a tus hijos, mis sobrinos, y a los hijos de tus hijos, a tus nietos? La paz no se hace para que haya una justicia plena y completa. La paz se hace para olvidar el dolor pasado, para disminuir el dolor presente y para prevenir el dolor futuro.
Conforme, que no vayan a la cárcel. No es el problema, es la presentación mentirosa del problema para los lectores de El País, cuyo nivel (mezclado con arrogancia y afán de protagonismo) muestra tener Vargas Llosa. Las FARC no entregan realmente las armas ni se desmovilizan ni se disuelven ni desisten de implantar su régimen ni dirán la verdad ni pedirán perdón ni renuncian a sus negocios criminales, sencillamente se los premia y se les entrega poder gracias a los impresionantes recursos de la conjura castrista (el lector de El País podría preguntarse qué mueve a ese periódico a una pasión tan grande por la paz en Colombia). La paz es el verdadero negocio terrorista, gracias a Betancur se multiplicaron, gracias a los gobiernos posteriores se apropiaron del Estado y mataron a muchas más personas y ahora se apropian completamente del país. El interesado en el tema debería leer este artículo de Fernando Londoño en el que se explica muy bien en qué consiste el acuerdo.

(Publicado en el blog País Bizarro el 23 de septiembre de 2016.)