lunes, septiembre 29, 2014

Lo que le falta a la paz de Santos


Colombia no pudo ganar el Mundial de fútbol pero sí es el campeón mundial de noticias horribles, tantas que ya son lo normal y no desesperan a nadie. ¿No se dan cuenta los colombianos de que cada año es peor que el anterior desde que subió Santos? No, francamente no. Hay éxitos deportivos notables y la economía se mantiene gracias a los precios de las materias primas. Evaluar lo que podría haber crecido si el terrorismo hubiera retrocedido y el gobierno tuviera otros planes que implantar una tiranía castrochavista no es algo que esté al alcance de todo el mundo.

Pensando sólo en la semana pasada, tanto el atentado en Barrancas, La Guajira, con dos muertos que no inquietan a nadie (ya no es el gobierno Santos ni el terrorismo sino un rasgo cultural: la exuberancia demográfica y el primitivismo hacen que la vida humana además de sagrada sea barata) como la condena a Andrés Felipe Arias por la Corte Suprema de Justicia, verdadera monstruosidad que deja ver al poder judicial como una trama criminal tan siniestra como las mismas bandas terroristas, anuncian lo que será el segundo periodo de Santos, hasta que el referendo de paz haga de Colombia otra Cuba, cosa que ya es sin que se note: no tienen necesidad de perseguir a los medios porque los dueños de los medios son los jefes de la conjura terrorista (desde los años sesenta y puede que desde mucho antes), ni que acomodar al poder judicial porque después de matar a los verdaderos juristas éste pasó a manos de los agentes de los Santos. Incluso el ejército ha visto a montones de generales y altos oficiales abiertamente procubanos, toda vez que entre los sobornos y las persecuciones consiguen doblegar a esos funcionarios.

Todo eso lo sabe cualquiera que se interese en evaluarlo pero interesa a muy poca gente en Colombia: entre los que leen la prensa predomina el interés de participar en el reparto del botín y entre los demás la ilusión de obtener triunfos deportivos. El avance terrorista es un hecho, la tiranía ya controla todo el Estado y todos los medios de comunicación, el próximo paso será la persecución de la disidencia, que complementará al Plan Pistola de las FARC (o del ELN si se legalizan las FARC), tal como los secuestros de líderes importantes como Arias o Plazas Vega por parte del poder judicial complementan los de comerciantes y ganaderos por la parte ilegal de la conjura.

El que dude del sentido de esta persecución podría leer por ejemplo un artículo del profesor y magistrado Rodolfo Arango, en el que anuncia el castigo a los causantes del conflicto. Para concretarlo ya hay planes que explica el secretario general del Partido Comunista Jaime Caycedo en una entrevista publicada en el semanario Voz.
LO QUE LE FALTA A LA PAZ DE SANTOS 
En entrevista con VOZ, Caycedo resalta los retos de independencia del frente amplio y la necesidad de hacerlo girar a la izquierda. 
–¿Cuál es la primera lectura que se le puede hacer a la elección de Juan Manuel Santos, en los pasados comicios presidenciales? 
–El presidente elegido tiene una mayoría que no es frágil, pero es evidente que la ultraderecha sacó un monto importante de votos y pone a pensar en cuál será la perspectiva para el futuro inmediato y el gobierno que se viene. De lo no puede sacar pecho Santos es tener en su mano un cheque en blanco porque ganó gracias a los votos de la izquierda. Si la diferencia entre Santos y Zuluaga hubiese sido mayor a dos millones de votos se podría asegurar que el aporte de la izquierda pudo haber sido residual, pero en este caso la izquierda fue decisiva y eso tiene que ser claro en el diseño de la política social y la política de paz de este nuevo gobierno.
Efectivamente, las clientelas sindicales y las creadas a punta de peculados incesantes en más de diez años de arruinar a Bogotá aportaron los votos decisivos, pues no eran suficientes los comprados en la costa atlántica, los obtenidos con amenazas en las regiones de dominio de las FARC y sobre todo los que consiguió Santos repartiendo entre alcaldes y gobernadores el dinero público. Si fuera porque la gente creyera en su proyecto, Santos no habría pasado a segunda vuelta. Y ni siquiera: también hubo fraude en el conteo de votos, votos comprados directamente y un esfuerzo tremendo de los medios para distraer a la gente con el mundial de fútbol y así mantener la abstención. Colombia no es una democracia porque las elecciones son tramposas y los medios sólo propaganda criminal.
–Es claro entonces que el voto por Santos fue por la solución política al conflicto y no por su visión de Estado.

–Es la valoración de lo que representó nuestro voto: la solución política como salida y, desde luego, el diálogo como fórmula. Pero es evidente que solo ese hecho no es suficiente, pues el diseño del proceso de paz que se viene adelantando en La Habana tiene en la actitud del gobierno Santos un flagrante desconocimiento de las necesarias reformas democráticas, políticas y sociales para el país. Y esos son elementos que en este momento resultan ser obstáculos para alcanzar la paz.
Con colombiana desfachatez (esas manipulaciones del lenguaje son el fundamento del crimen, por eso Colombia es en esencia un país de criminales), el hombre resulta representar a la mayoría de los votantes. Para formarse una idea del peso electoral de los comunistas baste recordar los resultados electorales de las legislativas, en las que pese a que sus candidatos del Polo Democrático y la Alianza Verde contaban con el refuerzo de la intimidación terrorista y recursos fabulosos, no llegaron al 10% de los votos, si se hablara del censo electoral, no llegarían al 5%. Obviamente, lo que consideran paz es exactamente lo que piden las FARC, explícito en este video: la abolición del sistema de libertades (de hecho, menguadísimas gracias al control por las bandas criminales del poder judicial).



–La paz fue un plebiscito pero el gobierno Santos no ha pasado el examen en ese tema. 
   –El proceso de paz ha recibido un espaldarazo. Es un hecho positivo que el pueblo colombiano haya acogido esa vía. Pero el proceso de paz requiere ingredientes nuevos. Nosotros hemos venido insistiendo en que se debe disminuir la concepción de la guerra como política dominante del Estado. El presupuesto más alto es el de la guerra, entonces no nos vengan a decir que con ese presupuesto de guerra se hace la paz; la paz no se hace con un aparato militar gigantesco que asusta los países vecinos. Se necesita voluntad real del gobierno Santos.
Ya he explicado muchas veces que se trata de un atraco: la gente no quiere que sus hijos vuelen por los aires y por eso tolera las promesas de Santos, pero no entiende (porque los medios la engañan) que se trata de entregarle todo el poder a los terroristas a cambio de ventajas para los corruptos. El papel del Partido Comunista, que todo el que quiere interesarse sabe que es lo mismo que las FARC, es hacer más costoso el atraco y debilitar la posibilidad de aplicar la ley.
–¿Hay mucho trecho entre la paz de Santos y la paz con cambios? 
–La movilización, los paros, las protestas no son un punto adjetivo, no es un asunto al margen de la paz. El apoyo con votos para el presidente implica que los temas agrarios, la desprivatización de la salud, la solución de la educación privatizada y la inminente reforma laboral son exigencias que nacen desde el movimiento popular y obligan a ser vinculantes en el tema de paz. El gobierno debe entender que esos asuntos hacen parte de las reformas para la paz con justicia social, de lo contrario la paz no se aclimatará en Colombia, nada pasará si no se resuelven los grandes desequilibrios del país.
La solución a los desequilibrios del país que proponen las FARC o Partido Comunista es la implantación de una tiranía totalitaria, cosa que coincide exactamente con los designios de Santos pero que éste no podría implantar tan fácilmente si hubiera alguna resistencia. Para reforzar la ejecución de esos designios son las exigencias de Caycedo y los asesinatos que los terroristas seguirán cometiendo.
–¿Los millones de votos quieren decir que paz sí, pero el modelo Santos no? 
–Es una paradoja de este gobierno. Santos recibe respaldo para avanzar en un proceso de solución política pero no es para su modelo económico y social y menos para el diseño actual del establecimiento colombiano. Ese sistema político está en crisis y no lo quiere reconocer el presidente reelecto. Su propuesta de suprimir la reelección es un problema antagónico, eso no toca los temas de fondo para una apertura democrática. Por ejemplo: hay que modificar el sistema electoral, la ley 1475, mediante la cual se prohíben en Colombia las coaliciones de fuerzas alternativas para constituir nuevas mayorías en el país, con el pretexto de la doble militancia.
Es decir, el voto del miedo, el voto por el que se premia a los criminales para que no maten más, en parte por cinismo, se interpreta como apoyo a los fines de los criminales e identificación con ellos. Desgraciadamente hay que explicar que ese fin obvio de la paz nunca se denunció. Santos ha avanzado en la imposición de una tiranía comunista sin oposición.
–¿El nuevo gobierno permitirá unos mínimos para la oposición?
–En la antidemocracia del sistema político se carece hasta de un estatuto para la oposición desde hace dos décadas, pero en este caso tampoco es un estatuto para la derecha de Álvaro Uribe Vélez, que hoy tiene presencia en el Estado. El uribismo hace parte del gobierno, en regiones del país son la burocracia que ha hecho posible los siete millones de votos de Óscar Iván Zuluaga, eso no es simpatía por él. El santismo y el uribismo son parte del mismo Estado.
Los comunistas son especialistas en pedir instituciones democráticas perfectas, como las que han implantado ellos en los países que han caído en sus manos (en todos hubo asesinatos en masa, en Colombia los ha habido por cientos de miles mientras se toman el poder y serán millones cuando lo controlen todo):
Nosotros somos oposición democrática distinta de la ultraderecha y por eso requerimos unos mínimos: no más exclusión, ni genocidios. Se debe ampliar la esfera política y democrática para incluir no solo a la izquierda domesticada, sino también la izquierda revolucionaria que esta acá y la que puede venir. Toda la izquierda. 
El Partido Comunista es lo mismo que el gobierno de Santos: una organización criminal dedicada a implantar una tiranía aprovechando los grandes capitales obtenidos mediante el secuestro y otros negocios similares. Si se definen como oposición es lo mismo que cuando se definen como expresión de los excluidos, que son las víctimas de los privilegios que se asignan por su parasitismo (el comunismo fue sólo el pretexto que encontraron las castas coloniales para justificar sus rentas millonarias y completamente improductivas: Caycedo era profesor de Antropología en la Universidad Nacional. Los ingresos que obtendría por cada hora de explicación de la propaganda terrorista, contando el impacto en la pensión, podrían ser cientos de veces superiores a los de una persona honrada que hace trabajos pesados). La "izquierda revolucionaria" es el nombre que les da a las bandas terroristas.
–A propósito de la unidad y la izquierda, ¿qué papel asume el Frente Amplio? 
–Nosotros no hemos querido establecer una caracterización taxativa de esta iniciativa que ha venido tomando fuerza para una paz con cambios, libertades y soberanía. El Frente Amplio está generando en la izquierda nuevos reagrupamientos, nuevas visiones y aproximaciones que a juicio nuestro son positivas. Pero el gobierno ha querido cooptar ese Frente desde antes de las elecciones. Por eso rechazamos que el Frente se confunda con una estructura de gobierno bajo la dirección de Juan Manuel Santos y su modelo de guerra y neoliberalismo.
Por eso creemos que esa iniciativa de unidad debe asumir su independencia para actuar en favor de una solución política que se diferencie de la idea de paz que pregona el gobierno: la paz exprés, sin compromisos ni cambios, el silencio de los tiros sin cambios profundos en la sociedad, sin alentar una batalla de ideas contra el fascismo incorporado en la cotidianidad de los conciudadanos. Y menos una paz en favor de ese gran capital transnacional que busca un nuevo espacio para negocios.
En esa frase en negrita está el sentido último de todos los pacifistas colombianos, incluido el gobierno Santos: Clara López dice que no se trata de desmovilización sino de cambiar la tributación. En mi post de la semana pasada expliqué qué ocurrió con la paz que llevó a la Constitución de 1991. Pero yo ya he renunciado a convencer a ningún colombiano de que no hay otros terroristas que los mismos pacifistas, de los que Caycedo es paradigma: están de acuerdo con ellos por cuanto son triunfadores que han "coronado" sus secuestros y masacres y ya son los que guían al gobierno. Son los modelos de los colombianos y los seguirán matando sin resistencia.
–El tema del fascismo resurgió en cabeza del uribismo. ¿Ese puede ser otro reto para el Frente Amplio? 

–Sí, eso es lo que llamamos la construcción de la posguerra. Necesitamos crear las condiciones de cambio que permitan romper las amarras ideológicas del narcoparamilitarismo, del anticomunismo, de la confrontación del mito del castro-chavismo, que no es más que un invento del uribismo para agitar un fantasma entre los sectores medios del país. Ese es un reto del frente: una cultura de paz, de libertades, de la inclusión. Sin ellos la paz es imposible en Colombia.
Todo lo que llaman fascismo y "narcoparamilitarismo" es cualquier intento de resistencia al triunfo de los asesinos y secuestradores. Lo siguiente es la persecución, que complementa al Plan Pistola y a las infamias judiciales.
–Por último. Se está dando inicio al tema de víctimas en el proceso de conversaciones. ¿Qué opinión tiene al respecto? 
–Ese tema es tan incierto como la verdad histórica. Al Partido Comunista no se le ha reconocido en toda su historia, incluso en la reciente de la Unión Patriótica o desde su fundación, el ser víctima. El anticomunismo fue una parte de la doctrina del Estado y naturalmente eso es una carga muy grande. Cuántas víctimas del Partido Comunista existen en Colombia, compañeros muertos en la tortura, asesinados, desaparecidos y hasta ahora nadie sabe nada de ellos y sin ir muy lejos la historia del genocidio de la Unión Patriótica. Esas víctimas deben ser reconocidas.
El anticomunismo debe ser reconocido como causa de violencia contra el pueblo y del exterminio y los genocidios, que debe ser extirpado de la Colombia en paz. Queremos que el gobierno flexibilice su postura ante estos temas, no solo le exija a los insurgentes hacerlo. No se puede seguir culpando a los comunistas de la guerra en Colombia, el informe Basta Ya exonera al Estado de culpas en el conflicto y también libera a los empresarios y la clase dominante de responsabilidades, pero ellos encendieron la guerra.
Los colombianos son una comunidad hecha para el comunismo. La mala fe y la desfachatez son los principales rasgos de la cultura local. Sencillamente los cientos de miles de personas asesinadas por los comunistas para crear un ejército alternativo e implantar su tiranía se niegan abiertamente, tranquilamente, con la plena certeza de que en Colombia se perdonará eso, de que los colombianos siempre quieren premiar a los triunfadores y asimilarse a ellos. Ver qué migajas les caen del nuevo genocidio que anuncian y que terminará afectando a muchos de los canallas que hoy les ayudan desde el gobierno.

El comunismo fue un crimen colectivo que generó cientos de millones de asesinatos en todo el mundo. En cualquier país civilizado se equipara con el nazismo, pero en la tierra de los criminales sigue prosperando y gracias al poder que han alcanzado controlan al gobierno. Desgraciadamente ni las víctimas más seguras reaccionarán, pues apartarse de los hábitos de servilismo y chabacanería sería ir contra la propia naturaleza. 

Que nadie diga que no sabía qué iba a pasar. Lo han anunciado claramente.

(Publicado en el blog País Bizarro el 9 de julio de 2014.)